Diálogos sobre la crisis a 10 mil metros altura
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Diálogos sobre la crisis a 10 mil metros altura

Por Hernán Reyes
Consultor político. Socio de la consultora Reyes-Filadoro

El avión sobrevuela los picos nevados de la cordillera de los Andes con destino a Buenos Aires. Estoy cansado, pero no puedo dormir así que me acomodo como puedo y me rindo a la conversación con el desconocido que se sienta a mi lado.

- “¿Y? ¿Entonces?”, pregunta Alejandro después de escuchar mi diagnóstico sobre la situación económica del país. 

Ensayo una explicación más elaborada sobre lo que yo considero una “delicada situación social”, especialmente en el conurbano bonaerense, donde primero y más fuerte se manifiestan siempre los síntomas de las crisis.

- “La Matanza, San Martín, Avellaneda…”, continúo yo.

- “¿Y? ¿Entonces?”,  insiste con el mismo tono inofensivo, pero desafiante. “¿Cómo salimos de esta?”

Alejandro es un hombre de unos 60 años, con un buen pasar económico. Votó a Cambiemos en las últimas dos elecciones, pero no comprende cómo un gobierno compuesto de exitosos empresarios, formados en las mejores universidades del mundo, puede cometer tantos errores. Aunque todavía conserva una dosis de optimismo, no ve que Cambiemos esté demostrando idoneidad para superar la crisis.

En 2017 los adultos mayores se convirtieron en la principal base de apoyo al gobierno. Sin embargo no siempre fue así. Las encuestas de boca de urna realizadas por la consultora Reyes-Filadoro en octubre de 2015, tras las elecciones presidenciales, demuestran que Cambiemos llegó al poder con el apoyo transversal de todos los sectores, incluyendo a los más jóvenes.

Sin embargo, en las últimas elecciones en la provincia de Buenos Aires, fueron los adultos mayores quienes hicieron la diferencia a favor del oficialismo, superando por 10 puntos porcentuales a los jóvenes.

En la provincia de Buenos Aires, entre marzo y julio de 2018, la proporción de jóvenes que reportaban una situación económica personal negativa aumentó considerablemente, pasando de 49% en marzo a 68% en julio mientras que entre los mayores de 50 años el aumento fue de solo 5 puntos.

El pesimismo cunde entre los votantes de menos de 50 años que responsabilizan mayoritariamente al gobierno de Macri por la situación económica que atraviesa el país. Conseguir un empleo de calidad se ha tornado una quimera no sólo para los más jóvenes sino para quienes tienen entre 30 y 49 años, el grupo más crítico de la gestión del gobierno.

El apoyo a Cambiemos se redujo a una porción de la población compuesta principalmente por votantes que gozan de una buena posición económica y tienen más de 50 años. La correlación se invierte entre los votantes que apoyan a Cristina Fernandez de Kirchner, personas jóvenes y de bajos ingresos.

El estilo moderno y mesurado de comunicación que imprime Cambiemos a su gestión no seduce a los jóvenes que buscan un primer empleo y esperan cambios profundos en la sociedad que les permitan recuperar la capacidad de soñar.

La crisis económica y las transformaciones en el mundo del trabajo, apalancadas por avances tecnológicos, generan ansiedad no sólo en los jóvenes sino también en muchos adultos que se sienten impotentes y solos frente a estas amenazas. Los esfuerzos de comunicación del gobierno, avocados casi exclusivamente a calmar a los mercados, no fijan un horizonte claro que les permita proyectarse.

Si las elecciones presidenciales fueran hoy, en la provincia de Buenos Aires los mayores de 50 años triplicarían en cantidad a los jóvenes que votarían a Mauricio Macri. Sin embargo, incluso en este sector de la población, prima el desconcierto por la falta de capacidad que exhibe el gobierno para encaminar la economía.

El discurso duranbarbista funciona mejor entre los más viejos que rechazan fuertemente el estilo confrontativo de la ex presidenta, pero comienza a perder efecto ante un gobierno que no demuestra estar a la altura de las circunstancias y amenaza con implementar cambios al sistema previsional que podrían perjudicarlos.

Las malas noticias desbordan los diarios y monopolizan los debates en la radio y en la televisión, alimentando un clima de creciente incertidumbre. Algunos se consuelan recordando cómo los argentinos hemos sobrevivido a crisis anteriores. Otros se agarran al asiento y rezan.

El comandante a bordo informa que por una emergencia en la pista tendremos que esperar en el aire hasta obtener el permiso para aterrizar. Me ajusto el cinturón lo más que puedo y cierro los ojos. Alejandro se ríe, él no tiene miedo, ya pasó por esta situación muchas veces.

- “¿Y? ¿Entonces?”, insiste. “¿Cómo salimos de esta?”

- “Entonces, hay que levantar la cabeza”, respondo enérgicamente, “dejar de humillarse frente a los organismos internacionales y hacer los acuerdos que hacen falta para defender el trabajo de los argentinos”.