Cuando faltan 19 días para asumir como presidente de la Nación, Alberto Fernández acumuló grietas y frentes abiertos. Más de los aconsejables y de los que imaginaba para una economía en emergencia.
Cuando faltan 19 días para asumir como presidente de la Nación, Alberto Fernández acumuló grietas y frentes abiertos. Más de los aconsejables y de los que imaginaba para una economía en emergencia.
Según pudo reconstruir A24.com, Alberto tomó nota de que deberá administrar fuertes tensiones con la vicepresidenta electa, Cristina Kirchner; con los gobernadores del PJ histórico; con la Iglesia católica y otros cultos; con el FMI; con los Estados Unidos; con la CGT dividida, y con Brasil, Europa occidental, Israel y la propia región.
En medio de las definiciones de su gabinete, Fernández suspendió ayer la gira por Francia e Italia para no alejarse del país. Fue después de que se supo que también se había caído la posibilidad de saludar al papa Francisco en Roma.
Es posible que Alberto no acepte algunos de esos vetos. Redrado podría ser embajador ante la Unión Europea en Bruselas. Es una versión. La ex presidenta presiona para que Anabel Fernández Sagasti sea jefa del bloque de senadores del PJ y Máximo Kirchner, su hijo, jefe de la bancada de diputados.
Ella sugirió también que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, debía ser invitado a la asunción del 10 de diciembre. Esa presencia sería irritativa para la relación con Estados Unidos y Europa occidental, clave para la negociación con el Fondo Monetario Internacional por la deuda argentina. Cristina quiere plantear la ilegitimidad de la deuda en tribunales internacionales para ganar tiempo en la negociación.
Incluso, Fernández lanzó la potencial candidatura presidencial de Máximo Kirchner para 2023. Fue una señal a La Campora y al kirchnerismo duro. Pero los gobernadores del peronismo histórico consideran que es demasiado poder para Cristina Kirchner. Presidirá el Senado (es vicepresidenta de la Nación) y controlaría los dos bloques. Todas las leyes pasarían por ella. Además, controla la provincia de Buenos Aires a través del gobernador electo Axel Kicillof. También hay peligro de división de bancadas en Diputados.
Había gestiones para que Fernández viajara al Vaticano luego de ir a Francia e Italia. La Iglesia parecía una aliada en la lucha contra la pobreza. En el anuncio del plan contra el hambre estuvieron importantes miembros de la Iglesia el viernes último: el titular del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, y el obispo de Quilmes y presidente de Cáritas, Carlos Tissera. Después de eso, Fernández hizo el anuncio del aborto. Desde Roma se congeló la posible reunión y se sugirió que se reanude la gestión luego de que Fernández haya asumido sus funciones. Cayó muy mal el apuro abortista.
La ejecutiva búlgara reclamó “viabilidad fiscal” en el programa que se negocie y Fernández respondió que propondrá “un acuerdo que podamos cumplir, sin ajustes”. Más allá de este contrapunto, Fernández tensó la relación con Estados Unidos, que es clave para ayudar al país con el FMI.
Criticó al presidente Donald Trump por celebrar el “golpe de Estado” en Bolivia y buscó liderar el Grupo de Puebla, de referentes progresistas. Un abrazo con Maduro podría generar más ruido en la relación. En 2020, la Argentina tiene que afrontar vencimientos por U$S 37 mil millones, sin contar la deuda local, y buscará renegociar el acuerdo con el FMI y los acreedores privados.