Peronismo vs. peronismo

El Frente de Todos teme perder 10 puntos en las elecciones y se encienden todas las alarmas: ¿por qué volvió Cristina?

El oficialismo hace cuentas en la provincia de Buenos Aires. Cristina presenta la primera propuesta de campaña: la reforma del sistema de salud.
Nicolás Poggi
por Nicolás Poggi |
Alberto y Cafiero. (Foto: archivo)

Alberto y Cafiero. (Foto: archivo)

A poco más de un mes para el cierre de listas -el 24 de julio-, el kirchnerismo advierte dos amenazas en las urnas: el malestar de los sectores medios ante la caída económica producto de la cuarentena y la porción de votos que podría “morder” Florencio Randazzo si se presenta con una tercera vía, un porcentaje que, aunque menor, sería suficiente para alterar las proyecciones oficiales.

“Hay un enojo de la clase media y la clase obrera industrial de la provincia que no quiere volver a votar a Mauricio Macri pero que se ve desilusionada con el Gobierno”, reconocen ante A24.com cerca de Alberto Fernández.

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Alberto Fernández y Randazzo, antes de su ruptura. (Foto: archivo)

Alberto Fernández y Randazzo, antes de su ruptura. (Foto: archivo)

En ese búnker hacen el siguiente cálculo: si se sumaran los 6 puntos que Roberto Lavagna alcanzó en 2019 -y que ahora irían para Randazzo en virtud de la alianza entre ambos- con el caudal de votos “líquidos” que se fugarían por la crisis económica, el Frente de Todos podría perder unos 10 puntos en las elecciones. Ese sería el diagnóstico más pesimista.

En las últimas elecciones legislativas, en 2017, el kirchnerismo obtuvo el 37% en la provincia, con Cristina Kirchner a la cabeza, pero perdió manos de Cambiemos, que llegó al 41% de los votos de la mano de Esteban Bullrich y Gladys González. Fue determinante para esa derrota la división del peronismo: Sergio Massa había acumulado en esa oportunidad 11 puntos y Randazzo había consolidado el 5% que hoy es mirado con inquietud. Pero los sueños reformistas de Unidad Ciudadana terminaron y hoy en el PJ confluyen La Cámpora, el massismo, los gobernadores, la CGT y los movimientos sociales.

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Sergio Massa y

Sergio Massa y "Wado" de Pedro, con la oposición. (Foto: archivo)

Hay, de todos modos, algunas dudas sobre el proceso de conformación de las listas. “La centralidad del armado va a estar en el Instituto Patria”, apunta ante este portal un dirigente que mira los movimientos en el think tank del kirchnerismo, una suerte de sede de gobierno paralela ubicada a metros del Congreso.

En el Frente de Todos admiten que, dentro de esa mecánica, no se sabe cuál será la incidencia de Alberto, que no tiene intereses territoriales y que está, además, imbuido en la gestión de la pandemia, con el plan de vacunación como el hito que el Gobierno pretende legar a la historia.

Tampoco está clara cuál es la intención de Massa, que deberá negociar los casilleros para el Frente Renovador del mismo modo que lo hizo en 2019. Una señal de respeto del acuerdo por parte de Alberto fue que, ante la trágica muerte de Mario Meoni, el Ministerio de Transporte siguió en manos del massismo (con Alexis Guerrera) aún cuando los Moyano querían hacer pie en esa cartera.

Alarmas y reformas

Hay también otras señales que no son alentadoras para los estrategas de campaña: a ningún oficialismo le fue bien durante la pandemia, independientemente de cómo hayan gestionado la asistencia. Desde Donald Trump para abajo, los ejemplos sobran. Por eso la insistencia de Cristina en redoblar los esfuerzos para conseguir más vacunas y llegar a las PASO -y a las elecciones generales de noviembre- con la mayor cantidad de argentinos inmunizados.

Consciente de su ascendencia en el conurbano, la vice será la polea de la campaña junto al gobernador Axel Kicillof, que también ata su suerte a la salida de la emergencia. Generó sorpresa, en ese aspecto, que la Provincia dispusiera rápidamente para este miércoles el regreso a las clases presenciales en los distritos del AMBA, a diferencia de muchas localidades del interior administradas por Cambiemos y que, según el semáforo epidemiológico, tendrán que seguir esperando.

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Cristina junto a Kicillof en La Plata. (Foto: archivo)

Cristina junto a Kicillof en La Plata. (Foto: archivo)

Empiezan a vislumbrarse, también, algunas de las consignas que el peronismo elevará durante la campaña. La última y la de mayor peso hasta el momento: una eventual “reforma” del sistema de salud lanzada por Cristina y de la que aún no se conocen los alcances.

La vicepresidenta viene llamando, desde fines del año pasado, a una unificación del sistema público y privado para brindar una mejor atención a los pacientes, una necesidad que se impone como nunca, dijo, por la irrupción de la pandemia. Las prepagas pusieron el grito en el cielo del mismo modo que las obras sociales sindicales que controlan los gremios.

¿Qué clase de reforma tiene Cristina en la cabeza? Todavía no se sabe a ciencia cierta porque la ex presidenta está expresándose de manera genérica, dando información a cuentagotas y limitándose a remarcar la necesidad de integrar los distintos tipos de servicio bajo el mismo paraguas. "En su momento dije que debíamos repensar el sistema de salud e ir a un sistema integrado entre los tres subsistemas que existen, público, obras sociales y prepagas, y se armó un lío”, dijo la vicepresidenta el último lunes en La Plata, junto a Kicillof.

Como ella misma mencionó, sus palabras fueron la continuidad del mensaje que dio, también en La Plata, en diciembre pasado. “¿No está el sistema integrado a las patadas y a la fuerza porque lo impuso la realidad ya que las prepagas no saben dónde colocar a la gente?”, arrojó el lunes último.

Un colaborador de Kicillof como Homero Giles, presidente de IOMA -la obra social bonaerense-, dio algunas pistas. "El Estado debe reunir a todos los actores del sistema sanitario y darles un formato institucional. No se puede dejar que una prepaga reserve camas en una clínica y no deje entrar pacientes. Tampoco permitir que determinado laboratorio mueva los precios. Acá hay que regular muchas cosas", dijo el funcionario en declaraciones a Radio Provincia.

Está claro que Cristina no va a soltar prenda y que el proyecto, aunque embrionario, será una de las banderas de campaña. Por más rechazo que genere.