Neutralizados los expedientes que podrían complicar a los propios, confían que desde los tribunales federales de Retiro llegarán en el corto plazo buenas noticias sobre uno de los pocos puntos que tienen en común los jueces y el gobierno de Milei: Cristina Fernández de Kirchner.
El próximo 13 de noviembre la ex presidenta recibirá -cuanto menos- la confirmación de la condena a seis años de prisión por la Causa Vialidad. Ese hecho será una atracción de la atención pública, como una luz de neón para los insectos en una noche de verano. Pero seguramente no será el único; la Cámara Federal de Casación e, incluso, la Corte Suprema, enviaron señales negativas para su defensa en distintos expedientes: Los Sauces y Hotesur, Memorando de entendimiento con Irán y Cuadernos, este último demorado a la espera que su endeblez probatoria y la lluvia de nulidades en ciernes se compensen con un momento político propicio para avanzar.
La Corte y el futuro inmediato
De la Corte se habla. Las candidaturas de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla están frenadas en el Senado y no parece que esa situación vaya a modificarse en el corto plazo. El máximo tribunal, pese a que desde hace tres años funciona con sólo cuatro miembros (tras la renuncia de Elena Highton de Nolasco) mantiene su promedio de entre 250 y 300 sentencias semanales. De ellas, un diez por ciento tienen sustancia; el resto son cuestiones de competencia, honorarios profesionales, desestimaciones brevísimas de recursos de queja (en dos párrafos) y remisiones a otros fallos de características similares.
De cualquier manera, es un enorme volumen de trabajo.
¿Podrá mantener ese ritmo con sólo tres miembros, tras la salida de Juan Carlos Maqueda el próximo 29 de diciembre?
La intensidad y cantidad de trabajo ceden en importancia frente a las disputas internas de poder. La añeja pelea entre el actual presidente del tribunal, Horacio Rosatti, y su antecesor lejano Ricardo Lorenzetti, sigue constante en su punto de ebullición. Sin embargo eso no parece preocupar al gobierno, que la considera una disputa de nicho.
La iniciativa de Cúneo Libarona al principio de su gestión para proponer al juez de la Cámara del Crimen Marcelo Lucini como Procurador General de la Nación se enfrió, un tanto porque ese cargo es parte de una negociación política que incluye a las vacantes de la Corte y las de primera instancia y Cámara en Comodoro Py, y otro tanto porque el candidato original no es proclive a los cabildeos, manoseos y pedidos de apoyos varios que son propios de este tipo de procesos.
Agenda y presupuesto
El Poder Judicial percibe que en la agenda del Gobierno lo suyo no es prioridad. Como corporación endogámica, los jueces piensan primero en protegerse de eventuales ataques externos como los que fueron moneda corriente durante el gobierno de Alberto Fernández y que no se están produciendo ahora.
Por lo pronto, están atentos a lo que surja del tratamiento de la ley de Presupuesto.
No perciben que haya un foco de conflicto; por lo menos no de manera inminente. Y con eso, por ahora, tienen suficiente.