Hernán Lacunza juró como ministro. El Presidente le dio una instrucción: “Que cuide a los argentinos”. Nada distinto al “pobreza cero” o a la “lluvia de inversiones” o al “no se inunda más”. Un slogan de campaña.
Hernán Lacunza juró como ministro. El Presidente le dio una instrucción: “Que cuide a los argentinos”. Nada distinto al “pobreza cero” o a la “lluvia de inversiones” o al “no se inunda más”. Un slogan de campaña.
Hernán Lacunza habló. No dijo mucho. Ratificó el rumbo, reconoció errores (no dijo cuáles), volvió a describir los hechos. Como si el gobierno no tuviera responsabilidad sobre ellos. Dijo que se comunicaría con los referentes económicos de los competidores en las presidenciales de octubre. No dijo para qué.
Eso sí, mejoró el tono. Oxigena escuchar otras voces. Pero el contenido siguió siendo el mismo que escribía Dujovne. Avisó que el tipo de cambio está bien. ¿Antes no estaba? ¿Por qué lo sostuvieron en niveles que no eran los correctos? ¿Cómo se garantiza que mañana nos digan que el tipo de cambio “está bien” a 70, 80 o 1000? Si ocultaron antes el “verdadero” valor del dólar, ¿por qué no lo volverían a hacer ahora?
Sí dio dos definiciones políticas: "Tan importante como lo que está diciendo el gobierno es lo que está diciendo la oposición". Le tiró el fardo a Alberto. Un dato: Lacunza es permanentemente elogiado en on y en off por la oposición, fundamentalmente de la provincia de Buenos Aires, la que le tocó administrar.
Por otro lado aclaró algo sobre el rol de Macri. "El presidente es más presidente que candidato". De esta manera intenta disipar la idea de que Macri irá agresivamente a intentar revertir el resultado electoral, exacerbando la grieta; saben que esto le genera más estrés al mercado y le pone más presión a la situación económica.
Salvo eso, ratificó toda la política económica. Elogió que “los ingresos vienen creciendo por 11% por encima de los gastos" y avisó que ya se contactó con el Fondo.
“Quedamos en que en los próximos días estarán haciendo la visita de revisión de las metas". Por ahora nada cambia. Unos minutos después llegó el comunicado del FMI diciendo que están en “diálogo continuo con las autoridades”.
Por si quedaban dudas de las continuidades, el presidente del Banco Central, Guido Sandleris se encargó del resto. "Seguiremos absorbiendo pesos consistentemente con la meta de base monetaria"; es decir, secar la plaza. No habrá una política de expansión.
Y garantizó, a tono con un pedido de Alberto, que "no se utilizarán las reservas para sostener activos financieros".
En ninguno de los casos hubo medidas concretas para contener la crisis. Mucho no pueden hacer. El presidente y su equipo están atados de pies y manos en un país que virtualmente tiene dos presidentes: uno con la firma pero sin el poder político que otorgan las urnas; el otro que todavía tiene que esperar una larga campaña y una larga transición para poder tomar el mando.
En ese contexto, es poco lo que puede hacer el nuevo ministro de Hacienda, el nuevo ministro de Economía Hernán Lacunza.