Aniversario

Las últimas horas de Perón, los cuatro días de duelo nacional y el fenomenal texto de tapa que escribió Rodolfo Walsh

"Me parece que de esta ya no salgo", dijo Perón durante la mañana del 1° de julio de 1974. ¿Cómo fueron las últimas horas y quiénes lo acompañaron? ¿Qué dice el último informe médico?
Facundo Pastor
por Facundo Pastor |
Perón y una de sus imágenes más paradigmáticas

Perón y una de sus imágenes más paradigmáticas, en su vuelta a la Argentina,  protegido por el paraguas de José Rucci. 

Fueron doce las noches que Perón sintió que se moría. Su salud frágil terminó de romperse al volver de su último viaje al Paraguay.

El 3 de junio de 1974 se anunció oficialmente que el presidente el jueves 6 realizaría una visita oficial de dos días a Asunción. Volvía a la tierra que lo recibió como el primer destino de un largo exilio forzada.

Fue ahí que se expuso al frío en la cubierta del barreminas Neuquén, un buque de bandera argentina que pertenecía a la flota de la Armada.

Al regresar, en su primera tarde en Olivos, ya no pudo disimular más su estado gripal. Tenía fiebre. Respiraba mal. Y sus riñones empezaban a mostrar las primeras señales de deterioro. A partir de ahí su salud se fue resquebrajando cada día.

Ya la mañana del 1° de julio de 1974, ni bien se despertó, le pidió a una enfermera que le acercara un poncho para usarlo como manta. Abrigado pero con la mirada errante se quedo durante varios minutos mirando por la ventana del dormitorio presidencial. Hacía días que habían montando en el lugar una suerte de terapia coronaria improvisada. El recinto incluía una cama ortopédica para mantenerlo semisentado.

Perón estaba agitado, le costaba respirar. Jadeaba cada vez que pedía algo. Fue así de turbado como lo encontró el doctor Liotta, uno de los médicos del equipo presidencial.

-¿Qué está haciendo General? ¿Porqué no está descansando en su cama? – lo retó y le anunció que se quedaría a su lado el tiempo que fuera necesario.

-No doctor, vaya, vaya, usted tiene mucho que hacer – respondió un Perón palpitante.

Finalmente, fue el médico Pedro Cossio (hijo) quien se encargó de atenderlo esa mañana ya que, efectivamente, Liotta tenía sus obligaciones en el Hospital Italiano. Al equipo también se sumó su médico de cabecera, Carlos Seara.

Qué dice el informe oficial sobre la muerte de Perón

A las 10:20, Cossio y Seara observaron “un cuadro de fibrilación ventricular, seguido de un paro cardíaco”.

Así lo indica el informe oficial.

Con esa percepción fue que se lanzaron sobre la cama, tomaron el cuerpo, lo bajaron al piso y comenzaron las maniobras de resucitación.

El General se moría. No había vuelta atrás.

Balbuceante llegó a decirles a los médicos: “Me parece que de esta ya no salgo”.

La decisión fue intubarlo y, si bien por momentos abría los ojos y respiraba, en ese estado encontró la muerte.

A las 13.15 del lunes 1° de julio de 1974 se moría la figura central de la historia política argentina de la segunda mitad del siglo XX.

A las pocas horas comenzaron a registrarse manifestaciones populares por todo el país. Eran escenas conmovedoras para despedir su cuerpo.

Se decretaron cuatro días de duelo nacional.

Al otro día, la tapa del diario Noticias (órgano de prensa de la organización Montoneros) y la del diario Crónica cristalizaron con maestría el momento histórico.

La tapa de Crónica fue obra de su dueño, Héctor Ricardo García, fundador de periódico popular. “Murió”, puso como único titular acompañado de una banda negra en señal de luto.

La otra tapa simplemente decía “Dolor” y una bajada memorable que se le adjudica a Rodolfo Walsh:

“El general Perón, figura central de la política argentina en los últimos treinta años, murió ayer a las 13:15. En la conciencia de millones de hombres y mujeres, la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un líder excepcional”.

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