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POLÍTICA

Macri, Alberto y el deseo de que nadie corte el cable rojo

Macri, Alberto y el deseo de que nadie corte el cable rojo
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Hasta este domingo a las 22.30, la política argentina había dejado de producir incentivos para la colaboración entre la dirigencia. El negocio de la polarización lo inventó Néstor Kirchner que había entendido, inspirado en Laclau, que para gobernar hacía falta el 51%: ni uno más ni uno menos.

Lo siguió Macri, asesorado por Durán Barba y Peña. El apellido “Macri” era tan fuerte que la única manera de llegar al poder era con el 51%; ni uno más ni uno menos. Quizás solo el apellido Kirchner generara más espanto que el de Macri. En definitiva, la ciudadanía tendría que elegir cuál de los dos apellidos de familias que se enriquecieron de manera sospechosa a costa de las arcas del Estado le generaba más rechazo.

En 2015, Macri ganó con poco más del 51%. Nunca tuvo otra opción que la polarización en un país en que la “derecha” es mala palabra; y peor en 2019, con los resultados económicos por el suelo. Cristina y Macri fueron el Yin y el Yang: se necesitaban mutuamente en medio de una Argentina que los odia a ambos. Sólo había que ver cuál era el más odiado para entender cuál podía ganar la elección. Esta vez le tocó a Macri.

Este escenario obligaba a los jugadores a ponerse siempre uno en las antípodas del otro: si Cristina decía blanco, Mauricio tenía que decir negro; si Mauricio decía negro, Cristina tenía que decir blanco. No importa el contenido, mostrarse en la vereda de enfrente es (¿era?) una forma de legitimarse con su propio electorado e intentar captar a los independientes.

Lo que se quebró a partir del domingo (aunque se consolidó recién el miércoles) fue el fin de esa conveniencia mutua de mantenerse enfrentados. Macri y el nuevo líder del peronismo, Alberto Fernández, tienen un interés en común: si la Argentina se prende fuego, Alberto recibe un país en llamas pero todavía no tiene la manguera para apagarlo. Si el país sigue en llamas, Macri se olvida de su lugar en los libros de historia como el único presidente no peronista en concluir su mandato en 90 años.

Esta fue la circunstancia que llevó a Macri y a Alberto a tener una conversación telefónica que sirvió como una aspirina para los mercados. ¿Puede haber algún acercamiento más?

La posibilidad de un diálogo directo y en persona (foto incluida) entre Macri y Alberto Fernández no parece posible. “Se juegan dos modelos distintos de país”, dicen desde el albertismo. Apuntan a Macri por la construcción del caos que se vivió la última semana.

El albertismo no puede aparecer apoyando ninguna acción del gobierno, aún cuando las consideren necesarias. El peor escenario (para ellos y para el país) sería que Alberto quedara pegado apoyando medidas que fracasaran.

“Ellos tienen que gobernar hasta el último día”, insisten. Y enfatizan ahí: el peronismo también quiere evitar que un no peronista abandone el poder antes de tiempo por su culpa. “Nosotros lo que estamos haciendo es que la gente esté en paz en la casa”, aclaran. No es poco.

La información que manejan en el entorno de Alberto es que el martes pasado varios ministros querían renunciar. Eso fue lo que hizo que Macri recapitulara y pidiera disculpas.

“Lo que sigue va a ser peor. Los únicos que se beneficiaron son ellos, sus amigos. Va a ser terrible, no nos van dejar nada”, insistían por esas horas. La idea del helicóptero sobrevolaba todas las conversaciones.

Frigerio y Alberto se mensajearon el domingo y el lunes. El martes hablaron por teléfono. Antes hubo conversaciones entre Frigerio y Wado De Pedro, en muy buenos términos, para ver cómo podían solucionar el conflicto que escalaba y que preocupaba a los mercados y a la gente.

Frigerio y Alberto hablaron de la importancia de calmar las aguas. A ninguno de los dos, ni a Macri ni a Alberto, le servía la volatilidad e incertidumbre. Acordaron bajar un cambio, pero Alberto pedía el compromiso de que Macri moderara sus críticas.

Así, después de la conferencia del miércoles del presidente pidiendo perdón se pudo concretar el diálogo entre ambos. También hubo puentes entre Horacio Rodríguez Larreta y Massa, que hablaron, se felicitaron mutuamente y quedaron en verse cuando la cosa se calme un poco. Massa también habló con el director nacional electoral, Adrián Pérez (quien supo ser diputado del Frente Renovador) en las horas que pasaron entre el cierre de los comicios y la publicación de los resultados.

Los radicales hicieron lo suyo. Apuraron a Macri, a través de Peña, para que llame a Alberto “40 veces si es necesario”. “Sabemos lo que es una entrega anticipada. No nos puede volver a pasar”, les dijo Cornejo en la reunión privada que mantuvieron con Frigerio. Cornejo se arrepiente de no haber dicho ciertas cosas antes. Sabe de todos modos que no iba a ser escuchado, que Macri prefiere “empleados y no aliados políticos”.

En lo peor de la crisis política llamó la atención el silencio de los gobernadores, especialmente los más moderados. Algunos se preguntaron por qué estaban guardados. Hubo conversaciones, especialmente con Rogelio Frigerio, que fue el puente con el peronismo en los peores días de la crisis. No cayeron bien las medidas para bajar el impuesto a las Ganancias y el IVA. Lo obligaron a Alberto a salir a criticar por Twitter; ninguno salió a criticar abiertamente. Esta semana habrá reuniones.

Los gobernadores fueron clave en el triunfo de Alberto. Hasta último momento algunos en el peronismo creían que podría haber dobles lealtades. No las hubo: el apoyo fue total. Tanto que algunos ya salieron a intentar captar a los dirigentes peronistas que se habían ido con Pichetto.

Otro llamativo silencio fue el de Cristina. En el Instituto Patria celebran que las luces se hayan corrido de ella como centro. Fue la idea desde el 18 de mayo, cuando grabó ese video anunciando la fórmula: que el protagonismo lo tuviera él.

“Las decisiones las toma Alberto y siempre estuvo claro, desde el día 1”, aclaran en el Patria. El rol de Cristina se limitó a consolidar el voto propio con la presentación de su libro como excusa.

Cristina y Alberto estuvieron juntos el lunes post PASO y charlaron la estrategia a seguir. “Cada una de las movidas las consensúan”, explican desde el Patria, aunque aclarando que las decisiones finales hoy las toma Alberto.

La moderación manda en este esquema. No por interés patriótico sino por necesidad política. La Argentina es una bomba a punto de estallar (si es que no estalló ya) y nadie quiere ser el responsable de haber cortado el cable rojo que termine de detonar todo.

por Pablo Winokur @pablowino
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