Macri expuso ante Bolsonaro su modelo de “integración global” y “el combate contra el crimen organizado, las mafias y la corrupción” pero también acordaron avanzar en “la integración energética” en cuencas como “el Pesal, Vaca Muerta, energías renovables” y obras de “infraestructura para integrar y agilizar el comercio y los controles en las fronteras”.
Estos acuerdos "van a permitir dar dinamismo al sector industrial y a la agricultura” de ambos países, en contraposición al modelo de “aislamiento” de su antecesora kirchnerista.
El discurso del presidente de Brasil estuvo teñido del fuerte tono ideológico que caracteriza al presidente brasileño, ubicando a “Dios” por encima de todos, inclusive de la capacidad de elegir del “pueblo”.
“Dios bendiga al pueblo argentino porque en octubre tendrá elecciones y todos tienen que tener mucha responsabilidad y menos emoción para decidir el futuro de este país maravilloso”, enfatizó Bolsonaro en el Salón Blanco, ante la mirada de Macri que coincidió en destacar sus críticas al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Además, ambos prometieron insistir con acciones conjuntas para “reinstaurar la democracia en ese país” y “defender los derechos humanos, la libertad y fortalecer las instituciones de la democracia” en la región.
Estaba previsto su ingreso a la Casa Rosada a las 11, pero Bolsonaro llegó 40 minutos más tarde de lo previsto porque antes de partir hacia Buenos Aires fue a visitar al hospital a Neymar, el jugador del seleccionado brasileño acusado de abuso sexual.
Por esa demora, el Gobierno se vio obligado a cambiar parte del protocolo. Bolsonaro fue recibido en la explanada de la Casa Rosada acompañado por la primera dama, Michelle Bolsonaro, y unos 7 ministros de su gobierno, con todos los honores y la Fanfarria del Alto Perú tocada por los Granaderos.
Mantuvieron una reunión bilateral con ministros de ambos gabinetes en el despacho presidencial y luego de la declaración a la prensa, sin aceptar preguntas de los periodistas acreditados, compartieron un almuerzo en el subsuelo de la Casa Rosada, donde en las distintas mesas se vieron mezclados dirigentes opositores como el senado del PJ Federal, Miguel Pichetto, junto al ministro del Interior, Rogelio Frigerio y el gobernador de Corrientes, el radical Gustavo Valdés.
En otras mesas se ubicaron comensales como el hijo del precandidato presidencial, Marco Lavagna, el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, ministros de la Corte Suprema de Justicia y empresarios como Daniel Funes de Rioja, Alfredo Coto, Cristiano Ratazzi y Jorge Acevedo, de la UIA.