“Gabriela tiene la misma edad del atentado y representa a una juventud a la que muchas veces se le hace creer que la memoria es un ancla de hierro, una carga que nos ata al pasado, que no nos deja crecer, que hay que soltar para ser dueños del futuro. Esto es una falacia peligrosa”, adviertió Kapszuk.
“Su historia nos permitió plasmar de manera muy gráfica la respuesta a la pregunta acerca de qué significan 25 años, y por qué el olvido no puede triunfar. Trabajar la historia de una persona que era bebé al momento del atentado nos pareció un camino que nos permitía mostrar el paso del tiempo, y destacar la importancia de recordar”, agregó.