Guerra de números
Y ahí volvió el viejo juego de siempre: la guerra de los números.
- El Gobierno y la Policía de la Ciudad hablaron de 40 mil personas.
- Otras fuentes del Gobierno porteño reconocieron que el número estaba tirado para abajo. Hablaron de 70 mil militantes.
- Los organizadores se animaron a más: medio millón de entrada, un millón al final.
Pero el cálculo frío, en base a fotos satelitales y drones, dice otra cosa: la Plaza estuvo ocupada de manera parcial, con vallas que limitaron la superficie útil. El núcleo más denso estuvo en las calles laterales y sobre Avenida de Mayo. Estimación ajustada: entre 150.000 y 190.000 personas.
Nada despreciable. Mucho menos si se considera el contexto: un miércoles, sin aparato estatal nacional, sin los fuegos artificiales del poder central y con el Gobierno de Milei operando en contra con algunos intendentes y gobernadores.
Fue, en ese sentido, una demostración de fuerza. Pero también una muestra de fragmentación. Porque si bien hubo presencia de dirigentes sociales, gremiales y políticos, no todos marcharon juntos.
El Movimiento Derecho al Futuro, armado por Axel Kicillof, lo hizo por fuera de La Cámpora, junto a Fernando Espinoza.
Sergio Massa, siempre con timing propio, también se diferenció con una columna del Frente Renovador.
La CGT dio "libertad de acción". Hay una guerra total entre dialoguistas y combativos. Gremios asociados a Cristina tuvieron presencia unánime.
La calle habló. Pero no todos dijeron lo mismo. Algunos corearon “Cristina conducción”. Otros caminaron en silencio. Algunos recordaron viejas épicas. Otros parecían tomar distancia. El kirchnerismo llenó la Plaza, sí. Pero no necesariamente logró abarcar todo el peronismo. Algunos parecieron más bien acompañar a la puerta del cementerio, como dice aquella vieja máxima peronista; pero marcaron que no van a entrar.
Entonces, ¿qué fue lo que vimos? ¿Un renacimiento o un funeral con honores? ¿La antesala de un nuevo ciclo o el eco de una era que se apaga?
Tal vez sea el primer capítulo de una historia que aún no se escribió. O el último. Mañana, probablemente, vuelvan las discusiones chicas por las migajas de votos que pueda cosechar una oposición fragmentada frente a un Gobierno que, por ahora, parece imparable.
Pero este miércoles quedó anotado. Porque aunque Cristina no pueda hablar desde el balcón, la Plaza habló por ella. Y lo que dijo no fue poco. Es una historia en proceso cuyo final todavía no está escrito.