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POLÍTICA

Con un mensaje ambivalente, Cristina Kirchner volvió a patear el tablero político

Con un mensaje ambivalente, Cristina Kirchner volvió a patear el tablero político
La vicepresidenta y Alberto Fernández, durante un reciente acto (Foto: AFP).

Su estilo puede gustar o no gustar; se puede o no estar de acuerdo con sus ideas. Lo que pocos pueden discutir es el liderazgo que Cristina Kirchner tiene sobre su espacio político. Sus jugadas nunca son casuales. Con una extraña carta, en principio redactada en homenaje al décimo aniversario de su marido Néstor, Cristina ofreció por primera vez desde que ganó el Frente de Todos una radiografía completa de cómo ella ve el país a un año de ese triunfo electoral.

Desde el primer párrafo empiezan los problemas para Alberto: dice que no va a ir al acto homenaje a Néstor en el CCK; en la Rosada esperaban su presencia para acallar disidencias internas y ordenar la tropa. “Como todos y todas saben, no concurro a actividades públicas u homenajes que tengan que ver con aquel 27 de octubre”, se disculpó.

A partir de ahí comienza un balance que da para todo tipo de interpretaciones, malintencionadas o bienintencionadas. ¿Fue la carta de Cristina un apoyo contundente a Alberto? ¿O, por el contrario, intentó marcarle la cancha a una gestión que ella considera pobre?

Veamos las dos caras de la moneda.

Las críticas

El tono de la carta es crítica de la gestión de Cambiemos y reivindica las ideas que llevaron al Frente de Todos al poder.

Es elogiosa de su propia generosidad al crear el Frente de Todos y renunciar a la presidencia y pone a Alberto Fernández en el centro de la escena.

Pero algunos puntos hacen de la carta hacen ruido:

  • Por primera vez blanquea las críticas que en privado venía deslizando a muchos funcionarios del Gobierno. “Más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan”, escribió. El concepto fue retuiteado más tarde por Máximo Kirchner.
  • No pocos dirigentes en el peronismo pensaban que efectivamente el problema eran las formas y no el fondo”. Se refiere fundamentalmente a gobernadores y sindicalistas. Es una manera de marcarles la cancha; “¿Vieron que las buenas formas no sirven?”, parece decir.
  • El punto cúlmine de ese maltrato permanente y sistemático (al Presidente), se produjo hace pocos días en un famoso encuentro empresario autodenominado como lugar de ideas, en el que mientras el Presidente de la Nación hacía uso de la palabra, los empresarios concurrentes lo agredían en simultáneo y le reprochaban, entre otras cosas, lo mucho que hablaba”. Traducción: ¿Viste Alberto que no tenías que ir?
  • Otro tramo. “En la Argentina el que decide es el Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él. Que nadie te quiera convencer de lo contrario”. Traducción: que se haga cargo él de su triunfo o de su fracaso.
  • Fue ella – dice- la que decidió “con el volumen de nuestra representación popular, resignar la primera magistratura para construir un frente político con quienes no sólo criticaron duramente nuestros años de gestión sino que hasta prometieron cárcel a los kirchneristas en actos públicos o escribieron y publicaron libros en mi contra”. Vale para Alberto, Massa y otros funcionarios, muchos de los cuales para ella “no funcionan”.

El respaldo a Alberto

Los críticos miran con lupa las diferencias que Cristina expone crudamente en su texto. Aunque quizás no sea una maniobra maquiavélica sino la explicitación de algunos sentimientos que circulan en el universo K. A veces las diferencias es mejor blanquearlas que ocultarlas.

Cristina a lo largo de la carta elogia algunas capacidades de Alberto

  • “Su articulación con todos y cada uno de los sectores del peronismo que, dividido, nos había llevado a la derrota electoral; determinaron que junto a mí, como vicepresidenta, encabezara la fórmula del Frente de Todos”. Hace explícito que él tiene algo que ella no.
  • “Si alguien intentara hacerlo (dudar de la autoridad presidencial), preguntale qué intereses lo o la mueven”. Otra vez, lo pone a él en el centro de la autoridad.
  • “Como se han quedado sin la excusa de las formas, tuvieron que pasar a un segundo guión: “Alberto no gobierna”, “la que decide todo es Cristina”, “rencorosa” y “vengativa”, que sólo quiere solucionar sus “problemas judiciales”. Desmiente la idea de que él sea un títere de ella.
  • “La Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías”. Reconoce que si no se hace algo rápido para frenar la escalada del dólar, este gobierno –su gobierno- va a terminar mal y que esto excede a cualquier teoría económica.
  • “El problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla”. Quizás el tramo más importante de la carta. Acá reconoce que “nos guste o no” hace falta un acuerdo. Este acuerdo es el que Alberto decía querer hacer y que –parecía- no estaba en el paladar de Cristina. Al escribir esto, ella le deja el lugar a él para articular.

Así, la pelota queda en la cancha de Alberto. Y para bien o para mal se acabaron las excusas.

Por último, Cristina cierra su carta agradeciendo a Alberto por traer la estatua de Néstor. Un reconocimiento personal a un servidor fiel –Alberto- que se quedó este 27 de octubre sin la foto con ella.

Con las distintas interpretaciones que se puedan hacer, la carta de Cristina, a un año de la victoria del Frente de Todos, marca un nuevo camino político. La duda es cómo evolucionará la gestión después de los conceptos de la líder del espacio.

por Pablo Winokur @pablowino
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