Opinión

Milei, la política de shock y las similitudes con Trump y Bolsonaro

Los adherentes a los líderes de la política del shock muestran algunos rasgos en común, lo que sobresale en todos es una falta de empatía terrible.
Joe Goldman
por Joe Goldman |
Milei, la política de shock y las similitudes con Trump y Bolsonaro

Se lo puede llamar o clasificar como la política del shock y sus exponentes más conocidos son Trump, Bolsonaro, Orban, Boris Johnson y este hombre que se llama Javier Milei.

La primera señal que conecta los casos de Trump, Johnson y Milei son sus pelos salvajes, combinados con una apariencia extraña de sus caras. Quizás no se puede juzgar un libro por su tapa, pero con estos locos políticos está todo al descubierto.

La política del shock es obvia en cómo comunica. La manera en que emplea términos bruscos, picantes y a veces hasta pornográficos, mientras hacen campaña o pronunciamientos públicos.

Trump, por ejemplo, se burló gente minusválida, o llamó perdedor a John McCain, porque fue tomado prisionero en la guerra de Vietnam. Trump también ha insultado a familiares de soldados muertos, o ha llamado violadores y asesinos a los inmigrantes mexicanos. No existe, antes de la primera campaña de Trump en 2015, ningún ejemplo de un candidato presidencial (o a un puesto menor) que haya usado tal lenguaje inflamatorio y demente. Si un político hubiera usado tales expresiones, la respuesta negativa lo hubiera forzado a abandonar su candidatura. Y por supuesto, cuando Trump fue electro no dejó de decir pavadas diariamente durante su presidencia (como por ejemplo incitar a la gente a tomar cloro para no contagiarse de COVID).

El caso de Bolsonaro en Brasil es muy parecido. Por poner solo un ejemplo, en su campaña de 2017-18 llegó a decir que si se enterara que uno de sus hijos es gay, preferiría que muera en un accidente de tránsito. También aseguró que el problema con la última dictadura brasileña fue que no mataron lo suficiente. O comparar el COVID con una “gripecinha”.

Milei es, a la vez, más oscuro y más espeluznante que los otros. “El Estado es como un pedófilo en un jardín de infantes, con los niños encadenados y cubiertos en vaselina” fue una de sus metáforas. En otra, comparó al sistema de coparticipación con las provincias con gente loca, violando a las hijas de los televidentes. También sostiene propuestas extremas, como un mercado libre que incluya la venta de órganos, la venta de niños. Algunos de sus candidatos proponen privatizar los ríos, el mar y hasta vender las ballenas para asegurar su supervivencia.

Lo que no les importa un bledo a Trump, Bolsonaro y Milei, son las ideas, las propuestas sensatas, responsables. Buscan el shock del estrambótico, buscan la reacción a sus dichos enloquecidos y afuera de lo normal. Consiguen que no usemos nuestros cerebros para debatir ideas y buscar soluciones. En lugar de eso, sufrimos shock tras shock de nuestro sistema nervioso, paralizándonos.

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Los adherentes a los líderes de la política del shock muestran algunos rasgos en común, lo que sobresale en todos es una falta de empatía terrible.

Se ve eso con los trumpistas atacando a gente sin techo, los seguidores de Bolsonaro amenazando, y a veces matando, peones rurales y grupos de indígenas. En Argentina se ve esa actitud en los comentarios de Milei, cuando pregunta por qué la gente tiene que pagar la salud y educación de los pobres. Hubo una entrevista con un seguidor de Milei en el final de campaña afuera del Movistar Arena que captura la esencia del mileismo. Cuando le preguntan como afectaría si Milei termina con los subsidios y la gente tendría que pagar 700 pesos el colectivo, contestó “no me importa, yo trabajo desde mi casa”.

En los últimos días, hasta el balotaje del próximo domingo, hay otro hecho que parece conectar a Trump, Bolsonaro y Milei: decir que la elección fue robada. En los casos de Trump y Bolsonaro, esas acusaciones sin fundamentos fueron seguidas por insurrecciones violentas. Esperemos que no pase lo mismo en Argentina.