Frente de Todos

Preocupación en el entorno de Alberto por la subordinación del Presidente al control de Cristina Kirchner

Los funcionarios incondicionales de Alberto Fernández no visualizan solución para el conflicto político que les provoca Cristina.
por Mariano Obarrio | 29 de marzo de 2021 - 21:51
Cristina Kirchner con Máximo Kirchner en el acto por el Día de la Memoria 

Cristina Kirchner con Máximo Kirchner en el acto por el Día de la Memoria 

Los funcionarios incondicionales del Presidente no visualizan solución para el conflicto político que les provoca la vicepresidenta Cristina Kirchner, que tomó el control político de la gestión con la aceptación pasiva del jefe del Estado. Cuando comienza la campaña rumbo a las elecciones legislativas de octubre, irrumpió la peor parte de la pandemia del coronavirus y se agravó el malestar interno en el gobierno de Alberto Fernández.

Según pudo saber A24.com, Cristina Kirchner no disimula que está desencantada con el Presidente que ella misma designó: no encuentra un eje para defender al Gobierno durante la próxima competencia electoral porque no encuentra logros para mostrar.

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Martín Soria, de fuerte cercanía al espacio que lidera Cristina Kirchner, será el reemplazante de Marcela Losardo en el Ministerio de Justicia.

Martín Soria, de fuerte cercanía al espacio que lidera Cristina Kirchner, será el reemplazante de Marcela Losardo en el Ministerio de Justicia.

A sabiendas de ello, dicen en Balcarce 50, el jefe del Estado busca complacerla con gestos ampulosos porque siente que el único logro que puede exhibirle es haber mantenido la unidad del Frente de Todos, pese a la peor pandemia a más de un año de gestión.

Cristina Kirchner tomó el control de la pelea contra el Poder Judicial, del discurso económico, de la negociación con el Fondo Monetario Internacional, y de la política exterior. Alberto Fernández se reservó la agenda de la pandemia y el control de precios. La inflación no da respiro y la pandemia está en el peor momento.

El Gobierno informó el lunes 14.014 nuevos casos positivos de Covid 19. Los testeos fueron 57.830, una cifra baja que revela una positividad demasiado alta de 24.23%. Nuevamente, se vuelve a testear poco. Y para colmo irrumpió la circulación de las cepas y variantes más contagiosas y letales: la de Manaos, Río de Janeiro, Gran Bretaña y California. La buena noticia: no está la de Sudáfrica.

Todo ello abre un nuevo debate, que se viene: será necesario conseguir más secuenciadores para detectar las cepas, dónde, cómo y en qué cantidad circulan. El único secuenciador que existe está en el Instituto Malbrán, pero no alcanza para todo el país.

En ese contexto de crisis sanitaria, descontento de Cristina y subordinación forzada de Alberto, el Presidente le concedió un reportaje el domingo último al periodista de “El Cohete a la Luna” Horacio Verbitsky en Radio Del Plata, lo cual terminó de irritar a los funcionarios incondicionales del Presidente en la Casa Rosada.

Sus propios laderos están furiosos, desanimados y desconcertados con Alberto Fernández. Verbitsky fue el disparador de la peor crisis del Gobierno: el escándalo del Vacunatorio VIP. Confesó haberse vacunado en forma privilegiada con la anuencia del exministro de Salud Ginés González García, lo que obligó a Fernández a despedir a Gines en medio de una crisis colosal, sin defenderlo.

Hoy, Ginés está en su casa y el Presidente favorece a Verbitsky. En el oficialismo se sabe que Verbitsky responde al Instituto Patria, el bunker de Cristina Kirchner y que le causó uno de los mayores daños al Presidente durante la gestión. “Nadie puede entender por qué Alberto hizo esto”, señalaban en Balcarce 50.

No solamente había malestar por haberle dado la nota al periodista K. También maldecían que Alberto haya usado ese reportaje para alinearse con el discurso de Cristina Kirchner de que la Argentina no tiene plata para pagarle la deuda al FMI y por eso debe negociar un plazo más extendido que el Fondo no puede conceder.

“No hay contradicciones con Cristina (Kirchner) –le dijo a Verbitsky- en la deuda. Coincidimos en que la deuda que heredamos es impagable, lo que pasa es que quieren dividirnos", dijo Alberto, al cerrar filas con su vicepresidenta. “Nadie puede creer que se haya alineado así con Cristina y que haya usado la nota para desdecirse de lo que le dijo a David Malpass, presidente del Banco Mundial”. El mismo miércoles 24 de marzo por la tarde, mientras Cristina Kirchner decía que el país “no tiene plata para pagar la deuda” y que el Fondo debía “dar plazos más largos y tasas más bajas”, Alberto hizo un Zoom en Olivos con Malpass en el que le prometió defender el equilibrio fiscal y honrar la deuda. Con Verbitsky se adhirió a la tesis de Cristina y negó la propia. Un amigo de Alberto lo defiende: “No hay contradicción. Es cierto que no hay plata para pagar, pero hay voluntad de pago y por eso es necesario negociar un plazo más largo con el Fondo”.

Sin embargo, Alberto y su ministro de Economía, Martín Guzmán, saben que esa extensión de plazos por encima del tope de 10 años como quiere Cristina es inaceptable para el FMI. Ella quería 20 años, pero el Fondo ya le cerró la puerta a Guzmán. ¿Para qué insistió Alberto? Tenía que conformar a Cristina y no diferenciarse de ella.

El problema de fondo lo explicó alguien que conoce de cerca a la vice. “Ella está muy incómoda porque está descontenta con la gestión de Alberto, más allá de que no resolvió sus problemas judiciales. No sabe cómo hará campaña electoral. ¿Qué puede defender del Gobierno? ¿Por qué le decimos a la gente que vote a Alberto? No podemos decir sólo para que no vuelva Macri”, dijo.

Un viejo dirigente de La Cámpora visualiza un paralelismo con la época en que Cristina Kirchner no podía hacer campaña en favor de su candidato Daniel Scioli, en 2015, y terminaba marcándole el rumbo de la campaña. Hoy, la Doctora recorre el mismo camino. La diferencia es que en 2021 ella pondrá en juego bancas propias y candidatos de su propio “palo”: en la provincia de Buenos Aires, el Frente de Todos podría presentar a Fernanda Raverta, Sergio Berni, Luana Volnovich en la lista de candidatos, acompañados de Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa, o de Gabriel Katopodis, de Alberto. Pero ella debe preservar el número de bancas.

Estos dimes y diretes preocupan al entorno de Alberto. Cerca del jefe del Gabinete, Santiago Cafiero, comentaban ayer a funcionarios afines que “Alberto no para de ceder ante el Instituto Patria y dilapida lo poco que le queda, con mucho malestar en los suyos”.

En medio del desánimo, algunos funcionarios albertistas, como Vilma Ibarra o Juan Manuel Olmos, se plantean "resistir", pero nadie define ese tipo de resistencia. Predomina el desconcierto.

“Una de las pocas cosas que Alberto puede enarbolar como logro de gestión política es que pudo mantener unido el espacio, el Frente de Todos, sin que se fracture, pese a los embates de Cristina, luego de un año de pandemia y de gestión. Por eso tira mensajes para contentar a los sectores más radicalizados adentro”, señalan con fastidio en Balcarce 50.

En esas esferas no disimulan el desánimo entre los ministros más cercanos a Alberto Fernández: sienten que perdió el rumbo, porque dice algo un día y dos horas después se contradice. Algunos se preguntan cuánto tiempo más resistirá su psicología para aguantar.

El Presidente fue obligado a tragar sapos de manera sistemática durante los últimos días. Cristina colocó al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, en la primera fila del acto en Las Flores, donde ella marcó la cancha de la negociación de la deuda. Berni es el ministro más apuntado por la Casa Rosada por sus ataques a la ministra nacional de Seguridad, Sabina Frederic. También es cierto que el Presidente nunca respaldó públicamente a su ministra.

El kirchnerismo impuso su impronta en la Cancillería. Logró nombrar embajadores propios en los destinos clave: Eduardo Zuaín, en Rusia; Sabino Vaca Narvaja, en China; Ariel Basteiro, en Bolivia; Luis Ilarregui, en Cuba; y Eduardo Porretti, en Venezuela. También el Instituto Patria convenció al canciller Felipe Solá para retirarse del Grupo Lima, alineado con Estados Unidos, y darle un guiño al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro. En la Cancillería dicen que no cambia nada porque el país seguirá condenando las violaciones a los Derechos Humanos desde el Grupo de Contacto.

Lo cierto es que Cristina elogió en Las Flores las vacunas de China y de Rusia, en desmedro de Pfizer y de AstraZeneca, que son de Estados Unidos y Gran Bretaña. Ideologizó la vacunación de Covid.

Por esa omnipresencia kirchnerista en política exterior, Alberto se peleó con Luis Lacalle Pou cuando el presidente de Uruguay pidió discutir una rebaja del arancel externo común del Mercosur y la posibilidad de hacer acuerdos bilaterales de libre comercio sin pasar por el bloque regional. El Presidente argentino se quedó solo en el Mercosur, abrazado a Cristina Kirchner. Del otro lado quedaron Uruguay, Brasil y Paraguay.

El conflicto se resolverá el 22 de abril en una reunión de cancilleres del Mercosur. El arancel externo común es del 11% promedio (la soja tiene cero y los textiles 30%, depende el valor agregado). Brasil y Uruguay proponen bajar a un promedio de 5%. Argentina propone reducirlo según el sector y el país que lo requiera. Una discusión tan técnica y racional no necesitaba de un show de guapos por Zoom para Cristina Kirchner.