Rompió el silencio

Recomponer el salario y apurar la vacunación, el dispositivo electoral que busca Alberto para ganar

por Mariano Obarrio | 14 de febrero de 2021 - 07:11
Recomponer el salario y apurar la vacunación, el dispositivo electoral que busca Alberto para ganar

Alberto Fernández diseña su dispositivo electoral. Con una posible segunda ola en mayo y un plan de vacunación que no termina de arrancar, el Presidente apostó todo a recomponer el poder adquisitivo del salario y cerró un acuerdo con los dirigentes de la Mesa de Enlace para revisar cada eslabón de precios en las cadenas de valor, pero esa metodología no fue bien recibida por ahora por los popes industriales.

“El Gobierno le bajó el precio al acuerdo de precios y salarios y Martín Guzmán hizo un discurso de corrección de variables macroeconómicas y por eso lo aplaudimos. No creemos que haya revisión en las cadenas de valor”, dijo a A24.com un representante de la Unión Industrial Argentina (UIA).

En cambio, la revisión de esa cadena, en mesas sectoriales, fue bien recibida por los dirigentes ruralistas.

Campo e industria: la diferencia de las cadenas de valor

Daniel Pelegrina (Sociedad Rural), Carlos Iannizzotto (Coninagro), Carlos Achetoni (Federación Agraria) y Jorge Chemes (CRA) se sacaron con ello el lazo de las retenciones y los cupos a las exportaciones. Con ello, demostraron que no son responsables de los precios de los alimentos, sino que el problema son los eslabones de la cadena.

El Presidente aceptó sus explicaciones: el maíz no incide en un 50% en precio de la carne de cerdo o de pollo, sino sólo un 20%. “No subiremos las retenciones ni pondremos cupos a las exportaciones, pero ayúndenme a controlar las cadenas de valor”, les pidió Alberto.

En cambio, esa vieja receta de revisar la cadena para detectar distorsiones en los precios no convence a los industriales, porque lleva obligatoriamente al Estado a hurgar en las estructuras de los costos.

Los sindicalistas de la CGT y de la CTA quedaron conformes con esa metodología y con la promesa de que no habrá techo para las negociaciones paritarias.

Es posible que la primera ronda de reuniones haya dejado una grieta entre los industriales, que estuvieron el jueves con Guzmán, y los ruralistas y la CGT, por otro, que fueron el miércoles a la Casa Rosada.

“La intención es desagregar cada eslabón para detectar si hay distorsión o concentración de la renta”, señaló Achetoni tras el encuentro. “Fue un primer encuentro, el diálogo fue positivo, pero habrá que ver”, señaló Daniel Funes de Rioja, vice de la UIA y presidente de Copal entre sus allegados.

Es posible que el futuro del diálogo continúe en diversas mesas sectoriales, que todavía no están definidas, y que algunas políticas de mediano plazo se discutan en el marco del Consejo Económico y Social, que presidirá el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz.

El ojo sobre los precios

En el Ministerio de Desarrollo Productivo, que dirige Matías Kulfas, aseguran que el acuerdo continuará con una profunda revisión de la estructura de costos de cada eslabón de la cadena de valor.

“No es que miraremos la planilla Excel, sino que hay que resolver los problemas reales que hay dentro de cada paso de la cadena, logística, insumos, servicios…”, señalan allí. Los acuerdos de precios de la carne y los aceites son una guía.

“La hoja de ruta es el presupuesto 2021”, dijo un allegado al ministro Guzmán, que fue aplaudido por los industriales como señal de alivio de que no pronunció un discurso populista, volcado a culparlos a ellos de ser formadores de precios, sino un diagnóstico racional con propuestas claras.

El desafío ahora es que esas se cumplan. Los industriales están acostumbrados a escuchar promesas que luego no se cumplen.

Para Alberto Fernández, el acuerdo para frenar los precios y recomponer el poder adquisitivo del salario de la clase media, que comenzó a esbozar con industriales, ruralistas y sindicalistas esta semana, supone una herramienta electoral imprescindible.

Si bien los contagios de la pandemia del Covid están descendiendo hace cinco semanas, la amenaza de una segunda ola en mayo y la lentitud de la llegada de las vacunas lo ponen ante el riesgo alto de fracasar en las elecciones legislativas de octubre.

En ellas jugará su suerte y la de la vicepresidenta Cristina Kirchner con su desempeño en salud y en economía.

El viernes la Argentina llegó a sólo 590 mil vacunados en 45 días; Chile ya vacunó 1,7 millones en diez días.

La pandemia no ofrece buenas noticias. El incumplimiento de laboratorios, la falta de contratos por desidia oficial, y la falta de logística para vacunar están generando preocupación seria entre los infectólogos.

Necesita, por lo tanto, urgentes logros económicos: espera un rebote de la economía del 5% para 2021 (perdió un 10% en 2020), una inflación que no pase del 29% previsto en el Presupuesto y que los salarios aumenten al menos un 33% para ganarle a la inflación.

“En el gobierno de Mauricio Macri el poder adquisitivo perdió 20 puntos. Ahora, el objetivo es que haya una recuperación gradual de 3 a 4 puntos por año. El plan de Guzmán es crecimiento con distribución gradual”, señalan en el entorno presidencial.

Se trata de un camino intermedio: ni puro crecimiento como plantean los ortodoxos, ni pura distribución como los populistas. Con ello se quiere ganar el consenso de ortodoxos y populistas.

Con ese consenso, Alberto Fernández desafía a Cristina Kirchner. La conciliación con empresarios y ruralistas comenzó a causar ruidos internos en el kirchnerismo.

Muchos laderos de Cristina y la propia vicepresidenta manifestaron en privado sus cuestionamientos por el buen trato a la Mesa de Enlace. Pero Alberto está obligado a gobernar haciendo equilibrio para que no se fracture el Frente de Todos con miras a las elecciones.

Por eso amagó con calentar el clima antes de la reunión con la Mesa de Enlace, como señal hacia el kirchnerismo duro: amenazó con aumentar las retenciones o fijar cupos de exportación y advirtió “contra los profetas del odio”. Pero después comenzó a negociar y comenzó el camino de un acuerdo que no se sabe cómo terminará.

Alberto es naturalmente conciliador. De allí que su mejor momento fue como jefe de gabinete; claro que tiene que pegar algunos golpes sobre la mesa, para todas las tribunas que tiene a los costados, que no son pocas. pero finalmente siempre busca diagonales para llegar a entendimientos que sean razonables”, dijo uno de los ministros.

Pero además, el Presidente tuvo otros motivos, además de las elecciones, para recular luego de mostrarles los dientes a los dirigentes rurales.

Es cierto que necesita recuperar el voto de los sectores moderados que en las encuestas expresan su malestar con el Presidente y con Cristina Kirchner. También es verdad que para ello es urgente recomponer el poder adquisitivo: la reforma en ganancias va en ese sentido.

Pero además, Alberto fue protagonista de la crisis del campo en 2008: tuvo que irse del gobierno de Cristina Kirchner, y no quiere repetir la experiencia, que desgastó a la entonces Presidenta.

Hace menos de un mes, el paro del campo por la suspensión de las exportaciones de maíz fue contundente y obligó al Gobierno a revocar la medida. El Presidente no quiso provocar más de la cuenta a los productores que ya mostraron su fortaleza.

Y por añadidura la suba de precios internacionales de las materias primas (commodities) abren perspectiva de mayor recaudación vía exportaciones. Y ahora las prioridades pasan por mejorar los ingresos del fisco. Y encaminar el Consejo Económico y Social, para recrear un clima de diálogo y consensos para remontar su gobierno maltrecho.