Tensión en la coalición gobernante

Renuncias en el Gobierno: ¿qué se negocia en las últimas horas de la crisis?

La vicepresidenta dejó al Presidente en un lugar incómodo: si se desprende de Cafiero, es una derrota para él; si no lo hace, Cristina podría redoblar la presión. No se descarta una ruptura del Frente de Todos.
Mariano Obarrio
por Mariano Obarrio |
Renuncias en el Gobierno: ¿qué se negocia en las últimas horas de la crisis?

Entre la Casa Rosada y la quinta de Olivos había anoche estupor e indignación en el bando del presidente Alberto Fernández por la carta lapidaria de la vicepresidenta Cristina Kirchner, en la que blanqueó sus pedidos de renuncia al jefe del Gabinete, Santiago Cafiero, y al vocero presidencial, Juan Pablo Biondi. Sobrevolaba la sensación de que la ex presidenta había dejado al Frente de Todos al borde de la ruptura y sin salida para el Presidente.

Según pudo saber A24.com, la sensación que sobrevolaba en el núcleo duro del Presidente era la de un ultimátum. Cristina Kirchner puso a su delfín contra la espada y la pared: o hace lo que ella dice, o ella fractura la coalición. Por lo cual, si él acatara sus órdenes quedaría como un presidente sin poder, y si no lo hace el kirchnerismo se pintaría la cara. En tanto, un funcionario del Presidente dijo en la madrugada de este viernes que Eduardo "Wado" De Pedro dejaría el gabinete. "Creo que se va", señaló.

De todos modos, a última hora existía una negociación entablada, en medio de un fuerte hermetismo, entre el ala del Presidente, la de la vicepresidenta y la del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Una de las alternativas era la de un profundo cambio de gabinete para afrontar la campaña rumbo a las elecciones del 14 de noviembre.

Pero ese movimiento debía respetar una condición: preservar la autoridad presidencial, subordinando al kirchnerismo y a la Cámpora, y al mismo tiempo mantener la unidad del Frente de Todos tras la catastrófica derrota frente a Juntos por el Cambio en las PASO del domingo último por 40,5% a 31% en todo el país.

Las lapidarias afirmaciones de Cristina Kirchner, mediante su carta pública, sobre sus discrepancias con la marcha del Gobierno y la responsabilidad del Presidente en la derrota electoral, fueron escritas horas después de una defensa de Alberto Fernández a su propia autoridad presidencial, que fue interpretada por la vicepresidenta como otro desafío a ella.

En su cuenta de Twitter, Alberto Fernández había dicho al mediodía en forma tajante: “He oído a mi pueblo. La altisonancia y la prepotencia no anidan en mí. La gestión de gobierno seguirá desarrollándose del modo que yo estime conveniente. Para eso fui elegido”.

Y en otro mensaje por la misma red social agregó que “mientras lo haga seguiré garantizando la unidad del Frente de Todos a partir del respeto que nos debemos”.

La defensa del Presidente había sido la respuesta a la renuncia de diez funcionarios que responden a Cristina Kirchner y a La Cámpora liderada por el diputado Máximo Kirchner tras la derrota electoral, que habían sido dirigidas a obligar al Presidente a formular un profundo cambio de todo gabinete.

La filtración del audio de la diputada Fernanda Vallejos

También Alberto Fernández respondía de ese modo a la filtración de un audio de whatsapp de la diputada Fernanda Vallejos, una furiosa cristinista, en el que afirmaba que Alberto Fernández era un “ocupa”, un “mequetrefe que no sirve para nada”, “hipócrita”, “atrincherado” y “enfermo” que no escuchaba a Cristina ni a la gente.

Vallejos dijo allí que Santiago Cafiero era un “payaso” al tiempo que el ministro de Economía, Martín Guzmán “salió de un frasco de yanquilandia”. Luego de todas las diatribas, dichas en privado, pidió perdón.

Era el libreto puro y duro de Cristina, que en su carta pública confirmó la línea argumental de Vallejos. La vicepresidenta sólo aclaró que nunca había pedido la renuncia de Martín Guzmán y atribuyó la versión a “operaciones en off” del vocero presidencial Juan Pablo Biondi. Sin embargo, esas informaciones circulan hace varias semanas y nunca las desmintió.

En su misiva pública, Cristina Kirchner confirmó que le propuso anteayer a Alberto Fernández reemplazar a Cafiero por el gobernador de Tucumán, Juan Manzur. También sugirió que Biondi debería ser desplazado. Y que la política económica debería cambiar: no buscar eliminar el déficit fiscal, sino recomponer salarios e ingresos para sectores populares, porque esa era la causa de la debacle en las PASO que ella misma había anticipado. Fiscalismo versus distribucionismo.

También la vicepresidenta reveló el contenido de las 19 reuniones privadas que había tenido con el Presidente en Olivos y los consejos admonitorios que ella le daba y él no obedecía, pese a que ella, dijo, lo había arropado con la candidatura presidencial en 2019: le enrostro que él ganó con sus votos.

“No hay grandes noticias, pero esto va mal. Ella es una Talibán; y a él le cuesta si no tiene masa crítica que lo apoye”, dijo a A24.com un alto dirigente de la CGT. El movimiento obrero fue uno de los convocados por Alberto para apoyarse.

En el entorno de Olivos señalaban: “Hay mucha bronca por la carta. Ventilar esto, que era para hacerlo puertas adentro, cayó muy mal”. En la propia Casa Rosada había funcionarios del ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, que justificaron a Cristina Kirchner. “Lo dice ahora en público porque se lo dijo 19 veces antes en privado y le avisó que iba a haber una catástrofe en las urnas y él no escuchó, al final se cansó y lo hizo público”.

Las renuncias que precipitaron la crisis política del Frente de Todos

De Pedro fue el que lideró las renuncias de los ministros K y todos afirman que está casi renunciado.

“Ella es tremenda y Alberto no le da bola”, contestaban en el entorno de Alberto Fernández. La fractura expuesta responde a que ambos están pulseando para dirimir quién maneja el Gobierno, sí él o ella, con miras a una posible recuperación en las elecciones generales del 14 de noviembre próximo. Cristina quiere manejar todos los resortes.

Uno de los grandes enojos de Cristina y de Wado De Pedro, su mano derecha en el Gobierno, obedeció a que durante la mañana la Casa Rosada había dejado trascender que Alberto Fernández le había aceptado la renuncia a De Pedro. Al publicarse la falsa noticia, fue desmentida por la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra. El kirchnerismo acusó de esa filtración falsa a los voceros de Juan Pablo Biondi.

La tensión era extrema entre los despachos de Wado De Pedro y los de Juan Pablo Biondi, ambos separados por los 50 metros del Patio de las Palmeras en la Planta Baja de Balcarce 50. Se vivía un clima de intriga en el palacio sin retorno.

Los funcionarios albertistas hacían esta lectura: “Cristina dejó a Alberto en el peor de los escenarios: si le pide la renuncia a Cafiero, queda como un títere, y si no rompe el Frente de Todos”.

Durante la tarde, un alto funcionario del Presidente dijo que la negociación entre ambos bandos consistía en que “la idea es mantener la unidad, pero reafirmando la autoridad de Alberto”.

Ello implicaba tomar algún tipo de medida con los funcionarios renunciantes de La Cámpora que fueron acusados internamente de “tración” al Presidente y el primero era Wado De Pedro. Sin embargo, las definiciones se postergarían.

El Presidente hizo declaraciones off the record con un periodista del diario oficialista Página 12 y decía que esperaría hasta el martes para tomar una decisión sobre los renunciantes y que a él no lo iban a presionar con operaciones políticas.

Un conocedor de la intimidad presidencial señaló a A24.com que la crisis sigue “sin solución política y aún está peor que ayer (por anteayer)”. Y explicó: “Si se queda Cafiero en su cargo, pierde Cristina y si se va es una derrota de Alberto”.

La posibilidad de que Sergio Massa se convirtiera en jefe de gabinete estaba descartada en esas horas: el Presidente no lo quiere ahí y Cristina no estaba tan convencida. Massa tampoco quiere, al menos hasta noviembre porque en caso de una derrota electoral iba a quedar desdibujado.

Apoyos para Alberto Fernández

Alberto Fernández resistía y pedía apoyos. La Casa Rosada lanzó una movida para conseguir volumen político para resistir la embestida de CFK y de La Cámpora. El problema era que muchos de los gobernadores, intendentes y sindicalistas de la CGT ahora no le creerían su intención de tomar distancia de La Cámpora pero también aborrecen al cristinismo.

"¿Alberto les dice a los gobernadores, intendentes y sindicalistas lo quieren oír, que se despegará de La Cámpora?", se preguntaban en la CGT. El Presidente había recibido a Manzur al que le pidió acercar respaldos y eventuales reemplazos en el gabinete, mientras que no estaba claro si hacer un acuerdo consensuado con el kirchnerismo.

“La gobernabilidad sigue en riesgo. Lo único que le juega a favor a Fernández es el desgaste que está sufriendo Cristina y el camporismo a medida que pasan las horas y no logran su objetivo de torcerle el brazo al Presidente”, dijo a A24.com un empinado dirigente sindical consultado por el Gobierno.

También aclaraba: “No se sabe si le da el cuero para sacarse de encima a La Cámpora, salvo que el círculo rojo lo banque; más los sectores políticos: gobernadores Intendentes y el movimiento obrero”.

Del lado de los intendentes bonaerenses, las opiniones estaban divididas. Algunos, como Fernando Gray, de Esteban Echeverría, son partidarios de un alejamiento de La Cámpora. Otros barones del conurbano sostienen que no hay que romper con La Cámpora pero sí respaldar a Alberto Fernández para que reafirme su autoridad sin que gobiernen los K.

“Si Alberto les acepta la renuncia a los ministros camporistas puede remontar las elecciones de noviembre, pero después tiene que gobernar”, señalaban en esas filas.

Tras la carta durísima de Cristina Kirchner, el Presidente convocó a Olivos a sus funcionarios incondicionales para evaluar un cambio profundo de gabinete o si mantenía su postura. Concurrieron allí Cafiero, Vilma Ibarra, Biondi, el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, y los secretarios general de la Presidencia, Julio Vitobello, y de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz.

Se analizó cada párrafo de la misiva de Cristina Kirchner. Más temprano, el primer mandatario recibió al gobernador de San Juan, Sergio Uñac, a quien le ofreció el Ministerio del Interior en reemplazo de De Pedro. A Manzur le habló de la jefatura de Gabinete. Pero no hubo definiciones en ningún caso.

“Con presiones no me van a obligar”, dijo el Presidente off the record en una entrevista a Página 12. “Ella me conoce, sabe que por las buenas a mí me sacan cualquier cosa”, dijo, buscando una tregua, que luego se rompió con la carta de ella.

Y ratificó que hablaron de cambios con la vicepresidenta, aunque él es partidario de hacerlos después de noviembre para que los nuevos ministros no queden desgastados ante la posibilidad de una nueva derrota electoral. “Lo charlamos, acordamos nombres. Eso sigue en pie”, dijo el jefe del Estado a ese diario.

También trascendió que Cafiero, Katopodis y Zavaleta le pusieron al Presidente su renuncia a disposición. Martín Guzmán, Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Claudio Moroni (Trabajo), Carla Vizzotti (Salud) y Matías Lammens (Turismo y Deportes), otros ministros apuntados por la vicepresidenta, le dieron su apoyo a Alberto Fernández en forma pública.

La crisis institucional, por ahora, tiene final abierto, pero ninguna salida puede resultar satisfactoria para ambas orillas de la "grieta" que se formó en el centro mismo del poder.

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