La mentirita

Vacuna: la luz al final del túnel que cambió la mirada de Olivos y La Plata sobre el final de la pandemia

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Vacuna: la luz al final del túnel que cambió la mirada de Olivos y La Plata sobre el final de la pandemia

Para enero la Argentina va a tener 2,5 millones de vacunas disponibles para usar. Si todo sale bien, por supuesto. Falta que mAbxience, la empresa que las elaborará en el país, haga algunas inversiones para duplicar su producción. Las prioridades para la vacunación van a ser: trabajadores de la salud, fuerzas de seguridad y personas de riesgo, en ese orden. El dato secreto fue confirmado a A24.com por fuentes de Gobierno. Antes había sido deslizado sin mayores precisiones por el presidente Alberto Fernández en la conferencia del viernes.

La empresa que produce la vacuna dice que fabricará 20 millones de dosis para enero, aunque desconoce cómo se repartirán. “Eso no lo sé. Se lo tienen que preguntar al Gobierno, que hizo los acuerdos”, respondió Mauricio Seigelchifer, director de la compañía a MMD, en A24. El Gobierno confía en terminar de tener todo ajustado para tener esa primera tanda de 2,5 millones disponible para enero.

Empezar por el sector salud es clave. El gobierno nacional y la Provincia saben que el límite de cualquier ampliación de la cantidad de camas de terapia intensiva es la cantidad de profesionales de la salud que puedan operarla. Ya no hay margen para seguir ampliando la capacidad del sistema. Un brote entre los profesionales de la salud equivaldría al colapso total.

"Silenciosamente estábamos trabajando y sin decir nada", dijo Alberto el viernes. No sería la única buena noticia que espera el Presidente. Esta semana podría haber otro importante anuncio que termine de llevar alivio a quienes miran con atención la evolución del sistema de salud.

La buena noticia de la vacuna -que generó algunos cortocircuitos de palacio entre Ginés y otros asesores de Alberto- fue el catalizador final de algo que se venía viendo:

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Horacio Rodríguez Larreta se reunió con Axel Kicillof en la sede de Gobierno porteño en Parque Patricios (Foto: archivo).
Horacio Rodríguez Larreta se reunió con Axel Kicillof en la sede de Gobierno porteño en Parque Patricios (Foto: archivo).
  • Horacio Rodríguez Larreta se juntó con Axel Kicillof el miércoles por la tarde. No se conocieron detalles del encuentro.
  • A la noche, en medio del anuncio por las vacunas, Alberto empezó a apelar a la “responsabilidad individual” y reconoció que la cuarentena ya no existe.
  • Más tarde, desde el gobierno porteño se filtró que estaban analizando retomar las clases en septiembre. Una forma de presión.
  • Durante la mañana del jueves, ningún funcionario de Salud de la provincia de Buenos Aires salió a hacer declaraciones alarmistas como las que nos tienen acostumbrados.
  • Al mediodía del jueves, Alberto apareció con su nuevo “comité de expertos”. Había incorporado psicólogos, un cardiólogo y un cientista social. Viendo los hechos anteriores, la decisión del giro discursivo ya estaba tomada antes de escuchar a los especialistas.
  • Paralelamente Axel Kicillof recibía a intendentes de la Provincia. “Le dijeron que la gente ya no está acompañando”, cuentan cerca de uno de ellos. Axel, enojado con los anticuarentena, reconoció finalmente el cansancio de la gente.
  • Después, Axel presentó también a su nuevo Consejo Asesor. Del mismo modo, aparecieron otras especialidades.
  • El viernes, Alberto anunció la extensión de la cuarentena sin usar la palabra cuarentena. Ya no habrá tantos retos a la sociedad

“Vemos un pico sostenido, con alto contagio, pero amesetado”, describe un intendente de las zonas más calientes del conurbano.

“En la reunión de Axel con los intendentes confirmaron que no hay más margen para insistir con la cuarentena. Pero, además, ahora hay mejor equipamiento médico aunque se esté por encima de 60% de ocupación en las UTI. Están apostando a que este es el pico y que comienza a bajar en una o dos semanas”, analizan cerca de otro que está muy preocupado por la situación general.

Cambio de discurso

En mayo, un informe de la Fundación Leandro N. Alem, ligada al radicalismo y con fuerte presencia del exministro de Salud Adolfo Rubinstein pedía, entre otras cosas, cambiar el foco de la política sanitaria con:

  • Distanciamiento social voluntario.
  • Ampliación selectiva de la movilidad.
  • Aumentar testeos hasta que den entre un 1 y un 3% de positividad (hoy estamos en 50% en algunos territorios).
  • Testear a las poblaciones de mayor riesgo en cárceles, geriátricos, villas y asentamientos, y sobre todo a los trabajadores de la salud.
  • Crear equipos de “trazadores” para aislar contactos estrechos.
  • Aplicar un “esquema valvular intermitente” para cerrar o abrir la cuarentena.
  • Crear un consejo asesor con enfoque multidisciplinario.

Tres meses después, Alberto Fernández tomó algunas de esas recomendaciones; para otras, ya es demasiado tarde. ¿Qué cambió en una semana para que hubiera un cambio discursivo tan grande?

Quienes frecuentan a Kicillof lo describen como alguien temeroso. Con mucho miedo de quedar pegado en denuncias de corrupción y de tomar ciertas decisiones difíciles. Apuntan a su inexperiencia en la gestión con responsabilidad política.

“Es un tipo de la economía, pero por primera vez tiene que sostener el liderazgo político. Antes las decisiones las tomaba Cristina”, apunta un intendente amigo. “Tiene una respuesta actitudinal defensiva”, describe.

Fundamentalmente, Kicillof teme un estallido en su provincia, Buenos Aires, por el colapso del sistema sanitario. Razones no le faltan: “No había sistema de gestión de camas ni de nada”, dijo su ministro de Salud, Daniel Gollán, en una conferencia reciente. En marzo había 1992 camas de terapia intensiva en toda la provincia.

En lo que fue casi una sesión de terapia, Axel reconoció esos temores en una conferencia de prensa el jueves con Ginés González García y Gollán:

  • “La existencia de la vacuna nos cambió la vida. Por lo menos a mí, la pesadumbre, la incertidumbre y la preocupación constante y permanente que me producía la pandemia es que no había realidad sobre cómo terminaba ni cuándo”, admitió.
  • “Había dudas sobre el acceso en general y particularmente con la Argentina. Fue una semana que nos cambió la percepción de la pandemia”, siguió Kicillof.
  • “Tenemos la costa ahí cerca. Pero hasta llegar a la costa, que es la vacuna, vamos a tener momentos de tensión”, dijo Gollán.
  • “Ya no estamos nadando a la deriva”, dijo Ginés.

La idea de la llegada de la solución definitiva alivió al poder.

De todos modos, en la reunión con especialistas, Axel dejó en claro sus mayores temores.

  • Los muertos se duplican cada 25 días. En 50 días vamos a estar en 20.000 fallecidos.
  • Aunque se amesetaron los contagios en el primer cordón, siguen creciendo en el segundo y el tercero y ahora se sumó el interior.
  • Se estresa el sistema de salud.
  • No tienen claro cómo seguir sin profundizar cuarentena.

La diferencia: en el interior hay más margen para ir hacia una cuarentena más estricta y también para lanzar un masivo programa de rastreos. Se anunciaría esta semana.

Cristina Kirchner casi no pisa el Senado. También tiene mucho miedo al coronavirus. Prefiere la reclusión de su hogar, al que solo abandona para las sesiones o unas pocas reuniones especiales. Las que van a terminar con una foto.

Las fotos en política son siempre mensajes. En los últimos días se juntó con sectores del campo y con Daniel Menéndez, Subsecretario de Políticas de Integración en el ministerio de Desarrollo Social. Son, hoy por hoy, las dos grandes preocupaciones de Cristina: cómo conseguir los dólares y cómo implementar una política social que evite que implosione todo cuando se termine la pandemia.

Cristina observa con preocupación cierta lentitud en la marcha del Gobierno. Cuando cruza la barrera de la intimidad no habla de la mejor manera de Alberto Fernández, su presidente.

"De este lado de la grieta socioeconómica nos estamos poniendo nerviosos", reclamó Juan Grabois esta semana pidiéndole más agilidad a la Casa Rosada. Difícilmente lo haya dicho sin el aval de Cristina. Porque de “ese” lado de la grieta, siempre está Cristina.

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