De inmediato, se desata una cacería que culmina con la caída de los dos hombres, quienes resultan ser argentinos. El botín es recuperado, a excepción de un lote de misteriosas joyas acerca de las cuales los ladrones guardan el más absoluto silencio. La vigencia de la llamada ‘Ley de bandidaje y terrorismo’ permite juzgarlos rápidamente, mediante una corte militar. Ambos son sentenciados a casi 25 años de prisión en el penal de Santa María. Allí se los someterá a un sistema de aislamiento; no podrán hablar ni recibir a nadie.
La historia, que parece llegar a su fin en ese momento, en realidad sólo acaba de empezar. Aquello que parecía un atraco profesional está signado por indicios e información oculta, y a medida que la investigación policial avanza en la trama secreta del hecho, la historia se vuelve una amenaza para un general argentino en el exilio y hasta para el futuro del régimen del General Francisco Franco.