Emprendedores sustentables

De Australia a Alaska: la historia de la microempresa argentina que vende baños secos a 21 países

Cuestan entre 8 y 10 mil pesos. No utilizan agua, no dan olor y sirven para transformar los desechos en abono. Tampoco necesitan cloacas. Cómo nació la idea.
por Darío D'Amore | 28 de abril de 2021 - 16:47
Pablo Kameniecki

Pablo Kameniecki, fundador de Biosánita

De Australia a Alaska: la historia de la microempresa argentina que vende baños secos a 21 países
De Australia a Alaska: la historia de la microempresa argentina que vende baños secos a 21 países

“Es un mercado muy de nicho, no es masivo, pero venimos creciendo sostenidamente año a año un 25 por ciento, desde que comenzamos, allá por 2016”, cuenta Pablo Kameniecki, de 34 años, cofundador de Biosánita, la empresa que produce industrialmente los primeros inodoros separadores para baños secos hechos en la Argentina, es decir aquellos que no utilizan agua y sirven para transformar los desechos en abono.

Son ideales para zonas suburbanas o rurales porque no necesitan cloacas ni sistemas sépticos y cada vez más personas los eligen por su bajo impacto ambiental.

“Esta concepción está creciendo en todo el mundo. Nosotros tenemos cuatro modelos, tres de inodoros completos y un repuesto que es separador de orina. Vendemos desde Alaska hasta Florida, pasando por Francia, España, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Uruguay, Bélgica, Colombia, en total llegamos a 21 países, incluyendo todas las provincias de la Argentina", comenta en diálogo con A24.com.

Y agrega: "Es ideal para zonas alejadas, lo usan mucho en lugares turísticos, en cabañas, en casas rodantes. La gente que no los conoce piensa en algo precario, desagradable, pero es una tecnología que evolucionó mucho en las últimas décadas y cambió por completo lo que eran las viejas letrinas”.

Kamenieki cuenta que su socio, Martín Monti (38) fue el que comenzó con la idea allá por 2010. Incluso había diseñado sanitarios artesanales distinguidos en el Catálogo Innovar en 2012:

“Nos conocimos en 2014. Yo buscaba alguien especializado en construcciones sustentables, tenía trayectoria variada, con experiencia en administración y atención al cliente. Enseguida le propuse asociarnos y comenzamos a trabajar”, resume Pablo, con antecedentes en el diseño industrial, profesorado de geografía, docente y hasta vendedor en una librería.

“Ninguno de los dos tenemos título universitario. Martín también estudió ingeniería en Rosario, diseño e hizo cursos de bioconstructor”, agrega el emprendedor.

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Estos inodores se usan cada vez más en lugares turísticos, campings y centro recreativos al aire libre.

Estos inodores se usan cada vez más en lugares turísticos, campings y centro recreativos al aire libre.

-¿Qué costos tienen los baños secos?

-Nuestros baños secos completos cuestan entre 8.000 y 11.000 pesos, dependiendo del modelo. No dan olor, tienen sistemas de cámaras, que vas cambiando. Podemos hacer una analogía con el lugar donde hacen sus necesidades los gatos. Tienen como una barrera que aleja a los insectos y los olores. Tienen un bajísimo impacto ambiental. Se usan mucho donde no hay acceso a agua potable o se raciona mucho su uso.

-¿Trabajan muchas personas en la empresa?

-Indirectamente, sí, porque tercerizamos todo. Martín y yo nos ocupamos del diseño, la calificación y elección de los productos y la venta.

-¿Cuál es la diferencia con los baños químicos que observamos en las calles o en cualquier evento?

-El impacto ambiental y el uso de agua. En nuestros baños, la orina queda separada de la materia fecal, que es la que más riesgo biológico tiene. Hay estudios en el mundo que comprueban que la orina sirve como fertilizante, incluso, en la Argentina, muchos clientes la usan para regar ciertas plantas, huertas domésticas y árboles frutales. Además, se está estudiando, que a partir de la orina se podría obtener energía eléctrica.

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Estos inodoros, cuenta el fundador de la empresa Biosánita, no dan olor, tienen sistemas de cámaras, que se van cambiando, y poseen una barrera que aleja a los insectos.

Estos inodoros, cuenta el fundador de la empresa Biosánita, no dan olor, tienen sistemas de cámaras, que se van cambiando, y poseen una barrera que aleja a los insectos.

-¿Cuál es la clave para seguir creciendo?

-Invertir en tecnología todo el tiempo. Para nosotros fue duro, porque hasta hace poco teníamos otros trabajos. Hoy, después de cinco años, podemos decir que vivimos exclusivamente de nuestra empresa. Es algo que en el mundo está muy desarrollado. En Suecia, por ejemplo, los baños secos tienen décadas y hay legislación avanzada sobre el tema. En China, un barrio entero se construyó con esta concepción. Todos edificios de 3 ó 4 pisos con los departamentos con baños secos.

-¿En la Argentina también crece esta idea?

-Definitivamente. Nuestros principales clientes son argentinos. Es un cambio cultural, como el de la alimentación. El mundo está muy urbanizado y es difícil que esto sea masivo, pero crece día a día. Desde Tierra del Fuego, por ejemplo, nos pidieron 30 inodoros con esta tecnología, para una zona determinada.

Fueron clientes que viven todos en un barrio y se pusieron de acuerdo para poner baños secos. Lo mismo ocurre con la Cruz Roja, en el norte del país, que nos pidieron 50 unidades. En el momento de los incendios en el Bolsón, nosotros donamos y canalizamos donaciones de gente con dinero que quería ayudar a familias que habían perdido todo.

-¿Cuál es el próximo mercado al que apuntará la empresa?

-Los mingitorios secos son nuestro próximo proyecto. Nadie los fabrica en la Argentina y acá los ves en pocos lugares, como en algunas estaciones de servicio. Obviamente son importados. Nos gustaría llegar a los parques nacionales, a los cines, a los estadios de fútbol, como en Alemania o en los Estados Unidos, por ejemplo.

-¿Algún consejo al Estado para que ayude a los microemprendedores?

-En este país es difícil prever. Yo diría que tendrían que mejorar el marco impositivo. Para exportar es un laberinto contable. Ni hablar cuando vendés por internet. No está pensado el régimen para el E-Commerce y para la logística. Allí se podría poner a trabajar el Estado. Daría una gran mano a todos los emprendedores.

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