Un evento cerebrovascular ocurre cuando ese flujo se interrumpe, ya sea por una obstrucción (isquémico, que representa cerca del 60% de los casos) o por la rotura de una arteria (hemorrágico, que puede alcanzar hasta un 40% en nuestra región debido a la hipertensión no controlada).
La medicina es categórica: “el tiempo es cerebro”. Por cada minuto que el flujo sanguíneo no se restablece, el cerebro pierde aproximadamente 2 millones de neuronas y 14.000 millones de sinapsis, donde residen los recuerdos y la personalidad.
Cómo detectar un ACV: el método BE FAST
Identificar un ACV a tiempo es vital, especialmente considerando que en Latinoamérica solo entre el 1% y el 3% de los pacientes elegibles acceden a tratamientos de avanzada como la trombólisis, debido en gran parte a la falta de información y a las demoras en la llegada al hospital.
Para facilitar la detección, los expertos recomiendan el acrónimo BE FAST (“rápido”, en inglés), que suma dos señales críticas al método tradicional:
- B (Balance/Equilibrio): pérdida súbita del equilibrio o dificultad para caminar.
- E (Eyes/Ojos): pérdida repentina de la visión o visión doble.
- F (Face/Cara): un lado de la cara se ve caído o la sonrisa es asimétrica.
- A (Arms/Brazos): dificultad para levantar un brazo o debilidad en un lado del cuerpo.
- S (Speech/Habla): lenguaje enredado o dificultad para articular palabras, similar a un estado de ebriedad.
- T (Time/Tiempo): es momento de llamar a emergencias de inmediato.
Un fenómeno común es el Ataque Isquémico Transitorio (AIT), conocido popularmente como “mini derrame”. Se trata de síntomas que duran unos minutos y desaparecen solos. Muchas personas lo ignoran al sentir alivio, pero es una advertencia crítica: la mitad de quienes sufren un AIT podrían tener un ACV mayor en las siguientes 48 horas.
Consultar a urgencias en menos de 24 horas tras un AIT reduce el riesgo de un evento mayor en un 80%.
Cómo evitar el ACV y qué hacer ante una emergencia
La hipertensión no controlada explica casi la mitad del riesgo de sufrir un ACV. Por ello, se recomienda controlar la presión regularmente, manteniéndola idealmente por debajo de 130/80, realizar ejercicio entre 3 y 5 veces por semana y adoptar una dieta mediterránea, que ha demostrado reducir eventos cerebrovasculares hasta en un 46%.
Ante un accidente cerebrovascular, los especialistas recomiendan:
- Llamar a emergencias inmediatamente y activar el “código ictus”.
- Anotar la hora exacta en que comenzaron los síntomas; esto define si el paciente puede recibir medicación para disolver coágulos.
- No dar nada por la boca: ni agua, ni comida, ni aspirinas. Si el ACV es hemorrágico, la aspirina puede empeorar el cuadro.
- Acostar a la persona con la cabeza ligeramente elevada, unos 30 grados.
- Evitar remedios caseros o maniobras que hagan perder tiempo valioso.
El cerebro tiene la capacidad de sanar gracias a la neuroplasticidad, pero esa ventana de recuperación depende, en gran parte, de lo que se haga durante los primeros minutos de la emergencia.