Mascotas

Cómo surgió el mito de que los gatos tienen siete vidas

Desde la antigüedad, se cree que los gatos poseen siete vidas, un mito que combina creencias culturales y observaciones de su sorprendente agilidad y resistencia.

Desde la antigüedad

Desde la antigüedad, se cree que los gatos poseen siete vidas, un mito que combina creencias culturales y observaciones de su sorprendente agilidad y resistencia.

Desde tiempos antiguos, existe la creencia de que los gatos tienen siete vidas. En algunas regiones se dice que son nueve, en otras, seis. Lo cierto es que este mito, lejos de ser reciente, tiene raíces profundas tanto en la cultura popular como en las observaciones del comportamiento felino.

En países hispanohablantes como Argentina, el número más citado es el siete. No es casual: se trata de una cifra llena de simbolismo. Siete días tiene la semana, siete son las notas musicales, los pecados capitales y hasta los años de mala suerte que trae romper un espejo. Por eso, asociar este número con un animal misterioso y ágil como el gato no resulta extraño.

En el mundo anglosajón, en cambio, se dice que los gatos tienen nueve vidas. Aunque no existe un origen único de esta frase, se cree que el número se eligió por su valor simbólico, asociado con lo mágico y lo completo. Algunos lo vinculan con la veneración de los gatos en el Egipto faraónico, donde Bastet, la diosa con cabeza de felino, era símbolo de protección del hogar y fertilidad. En otras tradiciones, como la árabe y la turca, el número cambia a seis.

¿Por qué los gatos “tienen” 7 vidas?

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Más allá del mito, existen razones biológicas que explican por qué se dice que los gatos “sobreviven a todo”. Su anatomía es única y los diferencia de otros animales.

  • Su columna vertebral es extremadamente flexible, permitiéndoles girar en el aire y caer sobre sus patas.

  • Este reflejo de enderezamiento funciona gracias a su aparato vestibular, que les da equilibrio.

  • Su cuerpo liviano y patas musculosas amortiguan los golpes, mientras que al arquearse durante la caída, incrementan la resistencia al aire, como un paracaídas natural.

Estas características surgieron a lo largo de la evolución, como adaptación a entornos hostiles donde cazar y escapar era vital para sobrevivir.

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En 1988, el biólogo Jared Diamond analizó casos en clínicas veterinarias de Nueva York. Registró 132 gatos que habían caído desde distintas alturas: 104 sobrevivieron.

Un caso sorprendente fue el de una gata que cayó desde un piso 32. Solo sufrió la rotura de un diente y un colapso pulmonar leve. Curiosamente, los gatos que cayeron desde pisos más bajos tenían lesiones más graves, probablemente porque los que caen desde mayor altura tienen más tiempo para estabilizarse antes del aterrizaje.

Aunque el estudio tiene más de 30 años, sigue siendo un ejemplo de la resistencia extraordinaria de los felinos.

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