Henry asegura que en el ambiente de los tatuadores hay muchos que consideran que compartir sus conocimientos significa poner en riesgo su trabajo. En su opinión, por el contrario, es que cuantos más tatuadores se desarrollen, mayor será la competencia, y así estarán todos de alguna manera obligados a crecer artísticamente.
Tatuar para Henry, es un estilo de vida. Desde que despierta hasta que se acuesta, piensa en tatuajes. Y sostiene que el hecho de marcar la piel a una persona por el resto de su vida es una responsabilidad. “Hay un vínculo que se construye con esa persona y la energía también es importante. No solo la persona elige tatuarse con vos, sino que vos también lo tenés que elegir. Hay que dedicarle un tiempo porque es un compromiso que asumís con esa persona, le vas a dedicar mucho tiempo de tu vida, sobre todo cuando son trabajos muy complejos”.
A cada cliente le dedica una escucha en una entrevista previa para saber en dónde está parado. Qué sabe de lo que quiere, hacia dónde va y allí donde él lo puede guiar. El hecho de comprometerse con esa idea que el cliente tiene y de superar su expectativa lo hace una exigencia personal. Su trabajo consiste en interpretar todo eso y lograr que al otro le guste. “El arte de tatuar también consiste en eso, en interpretar lo que el cliente quiere”, cuenta. “Una manga puede llevar desde treinta y cinco horas hasta cincuenta. En sesiones de cinco horas por día. Y yo tatúo a gente de todo el mundo, inclusive, que viajan exclusivamente para tatuarse conmigo. Invierto mucho tiempo y energía en esa persona, por eso atiendo una sola por día.”
Contra todo prejuicio, Henry sostiene que en Latinoamérica todavía tenemos una especie de tabú con la gente “tatuada”. Y que en otras partes del mundo, como New York, la gente es mucho más abierta y el tatuaje no condiciona. Un médico o cualquier otro profesional puede tener un tatuaje y no ejerce mejor o peor por la cantidad de tatuajes que tenga, es algo superficial pensar así. Henry reconoce la influencia de Robert Hernández, un tatuador polaco que trabaja en Madrid al que conoció hace ocho años y empezaron a hacer cosas juntos. “Él es uno de los pioneros en el ambiente. Dio un estilo al tatuaje. Vi sus trabajos en una revista y me fascinó. Y hasta el día de hoy me sigue sorprendiendo su trabajo. Es admirable.”
Con casi veinte años de experiencia en el rubro, Henry dicta seminarios especializados en el arte de tatuar para jóvenes que quieren seguir el mismo camino y dice al respecto: “No hay mucho secreto. Mientras más tiempo le dedicás, más vas a poder mejorar. Tomar cursos, perfeccionarse, estudiar siempre son mis consejos de cabecera para mis alumnos. De hecho, en mi libro cuento en detalle todo lo que sé sobre el tema: la prueba y error de este trabajo. Como no hay una escuela que enseñe el oficio, se me ocurrió la idea de hacer el libro para que futuros tatuadores no cometan los errores que hice yo, que les cueste menos tiempo lograr el objetivo de un un buen trabajo. Es como dar una botella al mar y que lo agarre alguien que lo necesite. A todos los que estudian conmigo trato de transmitirles mi experiencia y es maravilloso el entusiasmo que se contagia.