El avance de la inteligencia artificial volvió cada vez más difícil distinguir entre lo real y lo falso. En 2026, los llamados deepfakes —videos manipulados digitalmente para alterar rostros, voces o acciones— alcanzaron un nivel de sofisticación que preocupa tanto a expertos como a usuarios comunes. Plataformas como TikTok, Instagram y X se convirtieron en terreno fértil para su viralización, muchas veces sin que el público advierta el engaño.












