Diego fue visto por última vez la tarde del jueves 26 de julio de 1984, en la esquina de Naón y Monroe, a pocas cuadras de su casa, en el barrio de Belgrano. Ese mediodía había almorzado con su madre y le había pedido dinero para el colectivo. Dijo que iba a visitar a un amigo, pero no especificó cuál. Nunca regresó. En ese entonces cursaba sus estudios en la Escuela Técnica N.° 36 y jugaba al fútbol en el club Excursionistas.
Durante décadas, la causa no avanzó. El caso fue archivado como una simple “ausencia”, sin búsqueda oficial ni medidas judiciales. Hasta que el 20 de mayo de 2024, obreros que demolían una antigua casona ubicada sobre avenida Congreso 3748 derribaron una medianera y hallaron fragmentos óseos en el terreno contiguo, en el número 3742. El lugar había estado alquilado entre 2002 y 2003 por Cerati y la actriz Marina Olmi, hermana de Boy Olmi, pero ninguno de ellos tiene relación con el caso.
El cuerpo estaba enterrado a apenas 60 centímetros de profundidad y, según determinó la autopsia, Diego había sido asesinado de una puñalada en el pecho que le fracturó la cuarta costilla derecha. La principal hipótesis es que los agresores intentaron desmembrar el cadáver con un serrucho, aunque no lo lograron. La forma en que fue enterrado —con apuro, sin cuidado— evidenciaría que actuaron de manera improvisada.
Qué objetos retro encontraron junto a los restos del joven asesinado al lado del chalet de Cerati
Junto a los restos se encontraron varios objetos personales que ayudaron a reconstruir la identidad del joven:
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una suela de zapato número 41,
un corbatín azul de colegio ya desgastado,
un llavero naranja con una llave,
un reloj Casio CA-90 con calculadora (fabricado en Japón en 1982),
y una moneda de 5 yenes, que en los años 80 era utilizada como amuleto por algunos adolescentes.
Tras la recuperación del cuerpo y el análisis genético, los restos fueron identificados en las últimas horas como pertenecientes a Diego Olmos. La Fiscalía ahora intenta reconstruir qué ocurrió en esa vivienda en 1984 y quiénes vivían allí en ese momento. Entre los señalados se encuentran una mujer de edad avanzada y sus dos hijos, de apellido Graf, quienes podrían ser citados a declarar.
La madre de Diego, ya anciana, recibió la noticia acompañada por sus otros dos hijos. Juan Benigno, en cambio, murió sin saber la verdad, pero con la convicción firme de que a su hijo no lo habían dejado ir, sino que se lo habían llevado.