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En 1988 un científico halló huellas de dinosaurio en un delta aislado del mundo, volvió 34 años más tarde y descubrió la pura verdad

Un descubrimiento realizado en una de las regiones más remotas de Columbia Británica, Canadá, permitió reconstruir una pequeña parte de un mundo que desapareció hace millones de años. Allí, entre formaciones rocosas que alguna vez pertenecieron a un antiguo sistema fluvial, los científicos encontraron huellas de dinosaurios correspondientes a una etapa poco conocida del Cretácico.

04 de septiembre de 2026 - 15:03
En 1988 un científico halló huellas de dinosaurio en un delta aislado del mundo, volvió 34 años más tarde y descubrió la pura verdad

En 1988 un científico halló huellas de dinosaurio en un delta aislado del mundo, volvió 34 años más tarde y descubrió la pura verdad

Un descubrimiento realizado en una de las regiones más remotas de Columbia Británica, Canadá, permitió reconstruir una pequeña parte de un mundo que desapareció hace millones de años. Allí, entre formaciones rocosas que alguna vez pertenecieron a un antiguo sistema fluvial, los científicos encontraron huellas de dinosaurios correspondientes a una etapa poco conocida del Cretácico.

El hallazgo tiene una particularidad que lo vuelve todavía más llamativo: las marcas fueron observadas por primera vez en 1988, pero tuvieron que pasar más de tres décadas para que los investigadores pudieran regresar al lugar, documentarlas y analizarlas con herramientas modernas.

Las huellas se encuentran en las proximidades de Tumbler Ridge, en el noreste de Columbia Británica, un territorio caracterizado por su difícil acceso y por extensas áreas naturales. La ubicación constituye precisamente una de las razones por las que el descubrimiento permaneció durante tantos años sin una investigación exhaustiva.

Los resultados del trabajo, iniciado formalmente en 2022, fueron publicados en la revista científica Historical Biology. El estudio permitió identificar distintos tipos de rastros y asociarlos con grupos específicos de dinosaurios que habitaron la región durante el Coniaciano, una edad geológica del Cretácico que se desarrolló aproximadamente entre 89,75 y 86,5 millones de años atrás.

Más allá de las marcas individuales, los investigadores consideran que el conjunto de huellas ofrece una ventana excepcional hacia un ecosistema desaparecido.

Las huellas de dinosaurios fueron descubiertas en 1988

La historia de este descubrimiento comenzó mucho antes de que existiera el estudio científico publicado recientemente.

En 1988, el investigador Guy Plint observó las huellas por primera vez. Sin embargo, reconocer la importancia de un sitio paleontológico no siempre significa poder estudiarlo inmediatamente. En este caso, la ubicación representaba un obstáculo considerable.

El lugar se encuentra en una zona extremadamente remota y de difícil acceso. Para llegar hasta el sitio es necesario utilizar un helicóptero, una condición logística que complicó durante décadas la posibilidad de realizar una investigación sistemática.

Por ese motivo, aquellas marcas quedaron prácticamente fuera del alcance de los estudios detallados durante muchos años.

La situación comenzó a cambiar en 2022, cuando Guy Plint y Charles Helm retomaron el sitio y emprendieron una investigación más completa. El objetivo era determinar qué animales habían dejado las impresiones, cuándo habían caminado por esa superficie y qué información podían aportar las huellas sobre el ambiente existente en aquella época.

El trabajo permitió poner en contexto un descubrimiento que había permanecido durante décadas como una pieza aislada de evidencia.

Y allí apareció uno de los aspectos más importantes del hallazgo: las huellas pertenecen al Coniaciano, una etapa del Cretácico que cuenta con un registro relativamente limitado en esa región.

Un período del Cretácico que todavía guarda muchos secretos

El Cretácico fue uno de los períodos más extensos de la historia geológica de la Tierra y estuvo marcado por una enorme diversidad de dinosaurios.

Sin embargo, no todos los momentos de ese período están igualmente documentados. Algunos intervalos cuentan con abundantes fósiles y rastros, mientras que otros presentan grandes vacíos de información.

El Coniaciano se encuentra precisamente dentro de esa parte de la historia que todavía presenta interrogantes.

Las huellas encontradas cerca de Tumbler Ridge adquieren importancia porque constituyen, de acuerdo con los investigadores, uno de los primeros registros de huellas de dinosaurios de esta edad identificados en Canadá.

Las marcas no son simplemente señales aisladas sobre una roca. Son registros del movimiento de animales que caminaron por una superficie que posteriormente quedó enterrada y protegida durante millones de años.

Con el paso del tiempo, los sedimentos se compactaron, las capas geológicas cambiaron y el paisaje sufrió enormes transformaciones. Pero las pisadas permanecieron.

El resultado es una especie de fotografía geológica de un instante ocurrido hace casi 90 millones de años.

El sitio era un delta antes de quedar convertido en roca

Para comprender por qué las huellas pudieron conservarse, es necesario imaginar cómo era el paisaje en aquel momento.

Durante el Cretácico medio, grandes sectores de lo que actualmente conocemos como América del Norte presentaban una geografía completamente diferente a la actual. Un extenso mar poco profundo ocupaba una parte importante del continente y modificaba las condiciones ambientales de amplias regiones.

En las cercanías de la actual Tumbler Ridge existía un sistema fluvial que desembocaba hacia ese mar, formando un delta.

Ese antiguo ambiente quedó registrado en las rocas que hoy forman la llamada Formación Marshybank.

Los depósitos acumulados en aquella región contenían sectores terrestres donde los dinosaurios podían desplazarse. Cuando los animales caminaban sobre determinados sedimentos, sus patas dejaban impresiones.

Posteriormente, nuevas capas de material cubrieron esas superficies y contribuyeron a conservar los rastros.

Millones de años después, los movimientos geológicos y la erosión volvieron a exponer parte de esas capas, permitiendo que las huellas pudieran ser observadas nuevamente.

De esta manera, una superficie que alguna vez formó parte de un delta terminó transformándose en un archivo natural del comportamiento de los dinosaurios.

Los dinosaurios “pico de pato” dejaron las marcas más abundantes

Entre los rastros identificados existe un tipo que aparece con mayor frecuencia.

Se trata de huellas con tres dedos anchos y relativamente romos, cuyas dimensiones oscilan aproximadamente entre 30 y 50 centímetros de ancho.

Por sus características, los científicos las atribuyeron a ornitópodos, un grupo de dinosaurios herbívoros conocido popularmente por incluir a los llamados dinosaurios de “pico de pato”.

Estos animales forman parte de uno de los linajes de dinosaurios herbívoros más conocidos del Cretácico. Su anatomía les permitía desplazarse de distintas maneras y, dependiendo de la especie y de la situación, podían caminar sobre cuatro patas o utilizar principalmente las extremidades traseras.

Las huellas encontradas aportan información adicional porque permiten determinar no solamente qué grupos estaban presentes, sino también cómo utilizaban el territorio.

Una concentración importante de rastros herbívoros puede ser una señal de que el área ofrecía condiciones favorables para alimentarse y desplazarse.

En este caso, los investigadores encontraron además una pista ambiental que podría explicar por qué estos dinosaurios eran frecuentes.

Las plantas con flores podrían explicar la presencia de tantos herbívoros

Uno de los elementos más interesantes del estudio está relacionado con la vegetación.

Durante ese período del Cretácico, las plantas con flores ya formaban parte de numerosos ecosistemas terrestres. Su expansión modificó progresivamente los ambientes y proporcionó nuevos recursos alimenticios para diferentes animales.

En el antiguo delta de Tumbler Ridge existía una importante presencia de vegetación. Esa abundancia pudo favorecer la aparición y permanencia de dinosaurios herbívoros, especialmente los ornitópodos.

La hipótesis plantea una relación entre la diversidad vegetal y la presencia de estos animales.

No significa que las huellas permitan reconstruir por sí solas toda la cadena alimentaria del ecosistema, pero sí proporcionan una pieza relevante para comprender cómo estaba compuesto aquel ambiente.

Los dinosaurios no vivían en un paisaje vacío: caminaban entre una vegetación abundante, cerca de sistemas fluviales y de un mar poco profundo.

Esa combinación de agua, plantas y zonas terrestres habría generado un ambiente capaz de sostener distintas especies.

También aparecieron huellas de dinosaurios carnívoros

Los herbívoros no eran los únicos habitantes que dejaron su rastro.

Los investigadores identificaron un segundo tipo de huella caracterizado por tres dedos más estrechos y alargados, acompañados por impresiones que podrían corresponder a garras.

La morfología es diferente a la de las huellas atribuidas a los ornitópodos y llevó a los especialistas a asociarlas con dinosaurios terópodos carnívoros.

Los terópodos conformaron un grupo extraordinariamente diverso de dinosaurios, dentro del cual existieron especies con distintas dimensiones, formas corporales y hábitos.

En el registro de Tumbler Ridge, las huellas no permiten necesariamente identificar una especie concreta, pero sí indican que los depredadores también circulaban por el mismo ambiente.

Esto agrega una nueva dimensión al descubrimiento.

Las marcas encontradas no representan solamente el paso de animales herbívoros por un antiguo delta. En conjunto, muestran que distintos tipos de dinosaurios utilizaban la misma región, probablemente aprovechando recursos y condiciones ambientales diferentes.

Una ventana hacia la vida de hace casi 90 millones de años

Los fósiles corporales suelen ocupar un lugar central en las investigaciones sobre dinosaurios. Sin embargo, las huellas pueden ofrecer información que un hueso aislado no necesariamente proporciona.

Una pisada conserva evidencia del desplazamiento de un animal sobre el terreno. Una sucesión de huellas puede revelar dirección, ritmo de movimiento e incluso determinadas características de la interacción entre los animales y el ambiente.

Por eso, los rastros fósiles son considerados una fuente fundamental para reconstruir comportamientos prehistóricos.

En el caso de Tumbler Ridge, las huellas permitieron asociar la antigua superficie con diferentes grupos de dinosaurios y, al mismo tiempo, relacionarla con las características ambientales de la Formación Marshybank.

El resultado es especialmente valioso porque se trata de un período del Cretácico del que todavía existen importantes interrogantes en esta parte de Canadá.

Un descubrimiento que permaneció décadas fuera del alcance científico

La historia de estas huellas también demuestra cuánto puede depender la paleontología de factores que van más allá de la tecnología.

Aunque Guy Plint había observado las marcas en 1988, el aislamiento del sitio impidió durante años realizar un trabajo de campo comparable con el que finalmente pudo concretarse.

El regreso al lugar en 2022 permitió documentar las huellas de manera sistemática y compararlas con los conocimientos actuales sobre los dinosaurios del Cretácico.

Finalmente, los resultados llegaron a una publicación científica en Historical Biology, transformando aquel hallazgo observado décadas atrás en una evidencia paleontológica estudiada y contextualizada.

El caso también pone de manifiesto la importancia de preservar y volver a visitar sitios que, en principio, pueden parecer inaccesibles o difíciles de investigar.

El antiguo paisaje de Canadá quedó grabado en las rocas

Hoy, el paisaje de Tumbler Ridge poco tiene que ver con aquel que existió durante el Cretácico.

Donde actualmente se observan montañas y extensas áreas naturales, hace casi 90 millones de años había ríos, deltas, vegetación y un mar poco profundo.

Por ese territorio se desplazaban dinosaurios herbívoros de tres dedos anchos y animales carnívoros con huellas más estrechas y provistas de garras.

Cada pisada quedó registrada en el sedimento y, con el tiempo, el terreno se convirtió en roca.

La importancia del hallazgo no está solamente en la antigüedad de las huellas, sino en la historia que permiten reconstruir. Son rastros de animales que caminaron sobre una superficie que ya no existe como paisaje, pero cuya memoria quedó preservada en las capas geológicas.

El descubrimiento realizado en Columbia Británica suma así una pieza relevante al rompecabezas del Cretácico canadiense y ayuda a comprender mejor la distribución de los dinosaurios durante el Coniaciano.

Después de permanecer décadas prácticamente inaccesible, el antiguo delta volvió a hablar a través de las huellas que sobrevivieron casi 90 millones de años.

En pocas palabras

  • Descubrimiento remoto: Hallaron huellas de dinosaurios del Cretácico en Columbia Británica, Canadá.
  • Investigación tardía: Las marcas, vistas en 1988, fueron analizadas 34 años después con tecnología moderna.
  • Dinosaurios herbívoros: La mayoría de las huellas corresponden a ornitópodos, indicando presencia de vegetación en el área.
Resumen generado por Thinkindot AI
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