Si bien admitió que no es una situación ideal desde lo emocional, Oriana fue sincera al explicar que se trata de una decisión pragmática. “Me costó mucho amigarme con esa idea, porque una se pone a planear el parto y a soñarlo, pensar en lo que desea para ese día... y es difícil. Es difícil sentirte cómoda o acostumbrarte a la idea de que va a haber gente que no habla tu idioma, que voy a estar pujando y traduciendo en mi cerebro lo que me estén diciendo”, confesó, visiblemente atravesada por el proceso.
En el mismo intercambio, Oriana también habló del nombre elegido para su hija y dejó en claro que es una decisión ya tomada. “El nombre está decidido, pero no lo voy a decir. Es un nombre que me gusta desde los 15 años, básicamente”, reveló. Y fue aún más contundente al explicar el rol de su pareja en esa elección: “Yo le avisé cómo se iba a llamar, no se lo pregunté. Los amamos a los hombres y todo, pero la que está poniendo el cuerpo soy yo”.
Así, a semanas del parto, Oriana Sabatini volvió a marcar su postura con firmeza y sinceridad, en una decisión que generó polémica pero que refleja el complejo equilibrio entre lo personal, lo familiar y lo profesional en uno de los momentos más importantes de su vida.