“Al ser joven, no entendía lo que era estar en ese arco. Reaccionaba mal en el campo y también fuera de él”, admitió, reconociendo que no supo gestionar emocionalmente la presión que implica defender el arco de un club grande.
Cómo influyó el entorno del fútbol en su caída
Batalla fue claro al describir un sistema que, según su experiencia, no da margen para el error. “Estos clubes no te esperan. Solo importa el rendimiento. Yo lo sufría porque era lo que más deseaba, pero también me lo hacían sufrir públicamente”, expresó.
La exposición mediática y la crítica constante terminaron potenciando su malestar. Aunque contó con el apoyo de su entorno cercano, eligió aislarse, una decisión que agravó el problema. “Me encerré, no quería ver a nadie. Formás un caparazón pensando que te protege, pero es todo lo contrario. Ahí entendés lo importante que es pedir ayuda”, reflexionó.
Cuál fue el momento de quiebre
El punto de inflexión llegó durante su etapa en Chile, lejos de su familia y después de haber sido titular en River. “Me encontré solo, en un club chiquito, y me pregunté: ‘¿Qué pasó desde la cima hasta acá?’”, recordó. Fue entonces cuando entendió que no podía seguir solo y decidió buscar ayuda profesional.
Comenzó un trabajo profundo con un psicólogo, acompañado por un preparador físico y personas de confianza. En ese proceso también identificó hábitos dañinos que se habían instalado como una falsa salida. “Tenía veinte años y necesitaba dos vasos de vino para dormir. Después dormía mal, descansaba mal, y así arrancaba mal el día. Se convierte en una rueda difícil de frenar”, relató.
Qué mensaje deja hoy Batalla
Lejos de victimizarse, Batalla buscó dejar un mensaje claro y directo. “Ir al psicólogo no es de débiles. Hay que tener muchos cojones para meterse con lo que duele. Y ahí es donde encontrás tu verdad”, afirmó.
Hoy, con mayor equilibrio emocional y un presente que lo encuentra más maduro, el arquero siente que pudo reconstruirse. “Estoy feliz de haber transitado ese camino”, concluyó, convencido de que hablar, pedir ayuda y enfrentarse a lo que duele también forma parte del crecimiento.