Otra tendencia del ranking es el peso de las versiones frías. El espresso freddo, también con 4,3 puntos, es típico de Grecia y combina espresso, hielo y azúcar. La clave está en batir el café con el hielo antes de servirlo, lo que da una textura más homogénea y una bebida bien fría. En la misma línea aparece el capuchino freddo, que suma leche fría batida para lograr una espuma liviana.
Del espresso italiano al café con leche
Italia tiene una influencia central en la lista. El espresso, valorado con 4,1 puntos, funciona como punto de partida de muchas recetas. Su volumen es pequeño, su sabor es concentrado y presenta una capa superficial conocida como crema. Puede tomarse solo o servir como base para preparaciones más suaves.
El ristretto, también con 4,1 puntos, lleva esa concentración un paso más allá: usa una cantidad similar de café que un espresso, pero se extrae con menos agua. El resultado es una bebida más corta, oscura y de sabor intenso, pensada para quienes prefieren una taza breve y potente.
El capuchino, con 4,2 puntos, combina espresso, leche vaporizada y espuma. Aunque sus antecedentes se vinculan con preparaciones consumidas en cafeterías austríacas, su forma moderna quedó asociada al desarrollo de las máquinas de espresso. La versión italiana tradicional suele servirse en taza chica y con una presencia importante de espuma.
El café con leche o caffè latte alcanza 4,1 puntos y representa una alternativa más suave. Se prepara con espresso y leche vaporizada, en una proporción habitual de una parte de café por tres de leche, aunque puede variar. Pertenece a una familia amplia de bebidas europeas que mezclan café y leche, como el café au lait francés y el café con leche español.
Tradiciones de Vietnam y México
Vietnam ocupa un lugar destacado con dos preparaciones. El café helado vietnamita, con 4,2 puntos, combina café fuerte, leche condensada y hielo. La versión tradicional suele utilizar granos Robusta y un filtro metálico de goteo llamado phin, que deja caer el café lentamente sobre la taza. La receta más conocida es el cà phê sữa đá; cuando se omite la leche condensada, se lo conoce como cà phê đá.
El café vietnamita, valorado con 4,1 puntos, se apoya en ese mismo método pausado de filtrado. Los granos suelen recibir un tueste oscuro y prolongado, y algunas variantes suman ingredientes como manteca, azúcar, cacao o vainilla durante el tostado. Esa combinación explica su perfil robusto y distintivo.
El cierre del ranking es el café de olla mexicano, también con 4,1 puntos. Se elabora con café molido, agua, canela y piloncillo, un azúcar de caña sin refinar. Tradicionalmente se prepara en olla de barro y puede incluir cacao tostado, anís, clavo de olor o ralladura de naranja. Es un ejemplo claro de cómo el café puede integrarse a una identidad culinaria propia.
Más que establecer una única forma correcta de tomar café, el ranking permite descubrir estilos. Quienes prefieren intensidad pueden elegir espresso, ristretto o café cubano; quienes buscan frescura pueden probar las versiones freddo o vietnamitas con hielo; y quienes disfrutan sabores especiados encontrarán en el café de olla una opción diferente.