La propia cirujada Pérez López lo describe claramente: "Con una cornada así es más fácil morir que sobrevivir. La vida se va en lo que se vacía una garrafa de cinco litros. Esta cornada sangra con toda la presión del latido del corazón", dijo al diario El independiente.
La velocidad de la atención fue la clave. En el momento en que vio la cornada, Pérez López supo que era grave. "En cuanto ves la cogida corres a la enfermería. No te da tiempo a pensar, sólo sabes que lleva una cornada muy seria, dijo. El torero Diosleguarde entró consciente a la enfermería.
Como tenía mucho dolor, se le aplicó una anestesia general y se le hizo una primera operación en la enfermería de la plaza de toros.
"Lo primero es abrir más la herida para encontrar el paquete vascular por el que el torero pierde sangre, en este caso, el femoral. Después hay que clamparlo con la colocación de pinzas de hemostasia de Korcher en la vena y en la arteria para cortar la hemorragia. Sólo piensas en lo que sangra y en lo que deja de sangrar, te mantienes fría", explica Pérez.
En esa sala médica estuvo 45 minutos, y esa primera intervención fue clave para que el torero no muriera desangrado. "El destrozo era muy grande. Hay que hacerlo lo más rápido que puedas, pero con tanta sangre cuesta mucho ver las cosas", graficó la joven médica.
Una mala intervención en esos momentos podría salvar la vida, pero generar un trauma posterior, como la amputación del miembro.
La segunda parte de la operación se hizo en el Hospital Clínico de Valladolid. Allí la intervención duró seis horas. La primera gran parte del trabajo estaba hecha.
Ahora, Manuel Diosleguarde espera en una sala de ese mismo hospital, con un optimismo a prueba de todo.
"Manuel quiere reaperecer en menos de 10 días, tiene cartel para el 8 de septiembre y no quiere que le quiten", dijo su manager.
La médica que le salvó su vida le da otro consejo: "Que tenga paciencia, es joven y tiene toda la vida para torear".