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"Tengo permiso para estar triste": la reflexión de Pilar Sordo que cambia la forma de entender las emociones

Durante mucho tiempo, la tristeza fue asociada con una emoción que debía desaparecer cuanto antes. Frente a un momento de angustia, una pérdida o simplemente un día difícil, la respuesta habitual suele ser intentar distraerse, buscar algo que cambie el ánimo o hacer un esfuerzo por recuperar rápidamente una sensación de bienestar. Sin embargo, la psicóloga Pilar Sordo propone detenerse antes de intentar borrar aquello que genera malestar.

Tengo permiso para estar triste: la reflexión de Pilar Sordo que cambia la forma de entender las emociones

Durante mucho tiempo, la tristeza fue asociada con una emoción que debía desaparecer cuanto antes. Frente a un momento de angustia, una pérdida o simplemente un día difícil, la respuesta habitual suele ser intentar distraerse, buscar algo que cambie el ánimo o hacer un esfuerzo por recuperar rápidamente una sensación de bienestar. Sin embargo, la psicóloga Pilar Sordo propone detenerse antes de intentar borrar aquello que genera malestar.

Su planteo parte de una idea sencilla, pero que puede resultar difícil de aplicar en la vida cotidiana: no todas las emociones incómodas tienen que ser eliminadas inmediatamente. Algunas necesitan ser reconocidas, expresadas y comprendidas antes de poder avanzar.

En una reflexión compartida por Aprendemos Juntos 2030, Sordo puso el foco precisamente en esa relación que las personas suelen establecer con la tristeza. La especialista sostuvo que existe un espacio legítimo para sentirse mal, llorar y atravesar momentos de recogimiento sin interpretar automáticamente esas experiencias como algo que debe corregirse.

Si yo quiero estar triste, necesito decir que estoy triste y tengo permiso para decir que estoy triste”, expresó la psicóloga.

La frase concentra buena parte de su mirada sobre las emociones: reconocer lo que ocurre internamente también es una forma de cuidado personal.

La tristeza también necesita un espacio

Para Sordo, aceptar que uno está atravesando un momento triste no significa resignarse ni convertir ese estado en una forma permanente de vivir. La diferencia está en no obligarse a estar bien todo el tiempo.

En ese sentido, la psicóloga planteó que puede existir un momento en el que una persona necesite simplemente detenerse. Llorar, quedarse en silencio, descansar o incluso no tener ganas de levantarse pueden formar parte de una experiencia emocional que requiere ser atravesada.

El espacio de poder llorar un día entero o simplemente no querer levantarme me parece que es algo que tenemos que respetar”, señaló.

La reflexión apunta contra una expectativa muy extendida: la de que todas las emociones desagradables deben resolverse rápidamente. En muchos contextos, mostrar tristeza puede ser interpretado como debilidad, mientras que recuperar inmediatamente el buen humor aparece como una señal de fortaleza.

Sordo propone otra perspectiva. Antes de preguntarse cómo dejar atrás una emoción, plantea la importancia de escuchar qué está expresando esa emoción.

La tristeza puede aparecer después de una pérdida, una decepción, un cambio, una separación o una situación que no salió como se esperaba. También puede surgir sin que exista un acontecimiento puntual que permita explicarla de inmediato.

Por eso, identificarla y ponerla en palabras puede convertirse en un primer paso para comprender qué está sucediendo.

“Hoy existe como una moda del no sentir”

Uno de los conceptos centrales de la reflexión de Sordo es la idea de que la sociedad contemporánea puede favorecer una tendencia a evitar aquellas emociones que generan incomodidad.

Hoy existe como una moda del no sentir”, afirmó.

La expresión apunta a una dinámica cotidiana en la que muchas personas intentan mantenerse permanentemente ocupadas, entretenidas o estimuladas para no entrar en contacto con determinados estados internos.

Cuando aparece la angustia, puede surgir la necesidad de distraerse. Frente a la tristeza, puede buscarse inmediatamente una actividad que permita cambiar el ánimo. Ante una pérdida, puede aparecer la presión por “salir adelante” cuanto antes.

El problema, desde la mirada planteada por Sordo, no está en buscar bienestar. El bienestar también forma parte de una vida saludable, pero no necesariamente implica estar de buen ánimo durante todo el tiempo.

Una vida emocional completa incluye momentos agradables y otros mucho más difíciles. Pretender eliminar los segundos puede generar una relación conflictiva con las propias emociones.

La psicóloga propone, en cambio, recuperar el espacio de la vulnerabilidad. Esto supone admitir que existen situaciones capaces de afectar profundamente a una persona y que no siempre es necesario ocultar esa reacción.

La importancia de observar qué nos pasa

Otro de los ejes de la reflexión de Sordo aparece en la necesidad de observarse a uno mismo.

“El observarme, el darme cuenta cómo estoy, el tomar contacto con eso es requisito fundamental para aumentar los niveles de conciencia”, explicó.

La idea introduce una diferencia importante entre sentir una emoción y comprender lo que está ocurriendo con ella.

Una persona puede experimentar tristeza sin detenerse a identificarla. Puede continuar con sus obligaciones, responder mensajes, trabajar, estudiar o cumplir con sus responsabilidades mientras intenta ignorar aquello que sucede internamente.

Pero ponerle un nombre a la emoción permite comenzar a reconocerla.

Decir “estoy triste”, “estoy angustiado”, “estoy decepcionado” o “necesito estar solo” puede parecer una acción pequeña, aunque implica establecer un contacto más directo con el propio estado emocional.

Desde esta perspectiva, observarse no significa analizar cada sensación de manera permanente. Se trata, más bien, de generar un momento de pausa para reconocer qué está pasando.

Sentir tristeza no significa quedarse atrapado en ella

La propuesta de Sordo también permite establecer una distinción fundamental: aceptar una emoción no equivale a permanecer indefinidamente en ese estado.

Reconocer la tristeza no significa que una persona deba resignarse a sentirse mal. Tampoco implica que toda manifestación de tristeza deba ser considerada normal independientemente de su intensidad o duración.

Hay una diferencia entre permitirse un momento de dolor y atravesar un malestar que se vuelve persistente, intenso o que comienza a interferir seriamente con la vida cotidiana.

En esos casos, la búsqueda de ayuda profesional puede resultar necesaria.

La reflexión de Sordo se concentra en otro punto: en la tendencia a querer eliminar cualquier emoción negativa apenas aparece.

Es justamente ahí donde propone una pausa. Antes de intentar cambiar lo que sentimos, podemos reconocer que lo estamos sintiendo.

Esa diferencia modifica la relación con las emociones porque permite dejar de considerarlas exclusivamente como obstáculos.

El llanto como una forma de expresar lo que ocurre

Dentro de su planteo, el llanto ocupa un lugar significativo.

En numerosas ocasiones, llorar es visto como una reacción que debería evitarse, especialmente en espacios sociales o laborales. Sin embargo, Sordo incluye el llanto dentro de ese espacio de vulnerabilidad que considera necesario recuperar.

Permitirse llorar no significa necesariamente que una persona haya perdido el control. Puede ser, simplemente, una forma de expresar una emoción que resulta difícil poner en palabras.

La posibilidad de atravesar ese momento sin sentirse obligado a ocultarlo puede ayudar a reconocer la dimensión de lo que está ocurriendo.

La cuestión central no sería entonces “¿cómo hago para dejar de estar triste?”, sino también “¿qué me está pasando?” y “¿qué necesito en este momento?”.

Ese cambio de pregunta resulta relevante porque desplaza la atención desde la eliminación inmediata de la emoción hacia su comprensión.

Una sociedad que muchas veces exige estar bien

La reflexión de Pilar Sordo también puede leerse en relación con una expectativa frecuente de la vida contemporánea: la obligación de mostrarse bien.

Las redes sociales, las conversaciones cotidianas y determinados discursos relacionados con el bienestar pueden reforzar la idea de que una persona debería mantenerse activa, positiva y motivada incluso cuando atraviesa situaciones difíciles.

Esto puede generar una contradicción: mientras internamente existe tristeza, hacia el exterior aparece la necesidad de demostrar que todo está bajo control.

La consecuencia puede ser que determinadas emociones permanezcan sin ser expresadas.

Frente a esa dinámica, Sordo recupera el concepto de vulnerabilidad. Reconocer que algo duele también supone aceptar que las experiencias tienen un impacto emocional.

Una separación puede generar tristeza. Una pérdida puede provocar dolor. Una decepción puede producir frustración. Un cambio inesperado puede generar incertidumbre.

No todas esas respuestas necesitan ser corregidas inmediatamente.

En ocasiones, forman parte del proceso de adaptación a una nueva realidad.

Reconocer las emociones antes de intentar modificarlas

Uno de los aspectos más importantes de la mirada de Sordo consiste en separar dos acciones que suelen confundirse: aceptar una emoción y quedarse permanentemente en ella.

Aceptar implica reconocer que está presente.

Quedarse atrapado, en cambio, supone que esa emoción comienza a dominar diferentes aspectos de la vida y dificulta el funcionamiento cotidiano.

La diferencia puede parecer sutil, pero es fundamental.

Una persona puede tener un día en el que necesite llorar, descansar o estar sola. Puede reconocer que está triste y darse permiso para atravesar ese momento. Después, cuando esté preparada, podrá retomar progresivamente sus actividades.

En cambio, cuando el malestar se prolonga y comienza a afectar de manera importante el sueño, las relaciones, el trabajo, los estudios o la vida cotidiana, la situación merece otra atención.

Por eso, la idea de “respetar la tristeza” no debería interpretarse como una invitación a ignorar un sufrimiento persistente. El planteo apunta a algo diferente: no convertir la emoción incómoda en un enemigo simplemente porque resulta desagradable.

La conciencia como punto de partida

Para Sordo, la observación personal aparece como una herramienta fundamental.

Detenerse y preguntarse cómo estamos puede permitir identificar emociones que, de otro modo, quedarían ocultas detrás de la rutina.

Ese proceso requiere cierta atención. No necesariamente implica encontrar una explicación inmediata. A veces alcanza con reconocer que existe tristeza, cansancio, enojo o miedo.

Ponerle nombre a una emoción no la hace desaparecer, pero puede modificar la manera en que una persona se relaciona con ella.

También permite identificar necesidades: descansar, hablar con alguien, pedir ayuda, tener un momento de soledad o simplemente aceptar que ese día no existe energía suficiente para realizar todo lo previsto.

La conciencia emocional, en ese sentido, comienza con algo básico: mirar hacia adentro sin juzgar inmediatamente aquello que aparece.

La reflexión de Pilar Sordo sobre permitirse estar triste

La propuesta de Pilar Sordo se aleja de la idea de que una vida equilibrada consiste en permanecer siempre alegre o motivado. Su planteo parte del reconocimiento de que las emociones cambian y que una vida humana también está atravesada por pérdidas, frustraciones, incertidumbres y momentos de dolor.

Por eso, frente a la tristeza, propone recuperar una actitud diferente.

En lugar de intentar expulsarla inmediatamente, puede existir un momento para observarla, reconocerla y comprender qué está ocurriendo.

Tengo permiso para decir que estoy triste”, resume una de las ideas centrales de su reflexión.

El concepto también permite revisar una conducta habitual: la necesidad de aparentar que todo está bien incluso cuando internamente sucede lo contrario.

Aceptar la vulnerabilidad no significa renunciar al bienestar. Significa entender que estar bien no implica necesariamente sentirse bien en cada momento.

La tristeza puede formar parte de una experiencia emocional transitoria y, cuando aparece dentro de determinados procesos vitales, puede requerir tiempo y espacio.

En definitiva, la reflexión de Sordo invita a cambiar la pregunta. En lugar de pensar exclusivamente en cómo dejar de sentir tristeza, propone detenerse primero para reconocerla.

Porque, como plantea la psicóloga, observar lo que sucede dentro de uno mismo es una condición necesaria para aumentar la conciencia sobre las propias emociones.

Y en ese recorrido, permitirse un momento de vulnerabilidad, un día difícil o incluso unas horas de llanto puede formar parte de una relación más honesta con aquello que sentimos.

En pocas palabras

  • Permiso para estar triste: La psicóloga Pilar Sordo propone aceptar la tristeza como emoción legítima sin necesidad de eliminarla.
  • Evitar la "moda del no sentir": Se advierte sobre la tendencia social a evitar emociones incómodas, promoviendo la autoobservación.
  • Vulnerabilidad y bienestar: Reconocer la tristeza no implica resignación, sino un paso hacia la conciencia emocional y el autocuidado.
Resumen generado por Thinkindot AI
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