Y el goce se transformó en sufrimiento cuando el esposo llegó al hogar antes de lo previsto y obligó a los tramposos a actuar a toda velocidad. La mujer arrojó las pertenencias del intruso hacia la calle, mientras que el amante se sumergió rápidamente bajo el agua para evitar ser visto.
Lo peor llegó cuando el recién llegado no tuvo mejor idea que comenzar a desvestirse para meterse al agua junto a su mujer, idea que esta disipó con alguna excusa de alejarlo del lugar.
Así, entre idas y vueltas y más de 2 minutos después, el aventurero pudo sacar la cabeza del agua y huir despavorido.