"Llegué a Santa Fe principalmente porque en Venezuela sentí que ya se me habían perdido todos los sueños. Llegó un momento donde los límites nos invadieron, límites para comprar, para comer, para pensar, para jugar… límites para vivir. Y los venezolanos todavía queremos soñar con algo mejor, por eso comenzamos a huir a distintas partes del mundo", expresó Manuel respecto a su salida de Venezuela.
"Cuando en Venezuela se comenzó a ver una serie de expropiaciones con el presidente Chávez entre 2006 y 2010, la situación empezó a tornare extraña. La excusa fue apropiarse de las tierras para que las trabaje el campesino, pero fue solo una ilusión, porque todo quedó en manos del Estado y los campesinos empleados. Poco a poco el aparato productor comenzó a hundirse junto con todas las empresas. El dinero empezó a no alcanzar para nada, el hambre y la pobreza se adueñaron de las calles. En la actualidad, un pollo cuesta 14 mil bolívares, casi lo mismo que el sueldo decretado por el Estado en Venezuela, 18 mil bolívares. Trabajando todo un mes, apenas te alcanza para un cartón de huevos o un pedazo de queso, más que eso no se puede comprar, imposible aspirar a adquirir ropa nueva o darse un pequeño lujo. Al mismo tiempo el gobierno entrega a precios accesibles, bolsones de productos básicos. Es pobreza en su máxima expresión, y con ella, el final de los sueños de miles de venezolanos", explicó Manuel.
Para dimensionar la situación en Venezuela, y así las cosas narradas por sus habitantes, en un hogar que tiene dos personas recibiendo un salario mínimo de 18 mil bolívares (US$ 5.97), más el ticket de alimentación de 1.800 bolívares (US$ 0.60) que entrega el gobierno, ese ingreso solo les alcanzaría para alimentarse 3 días. Entonces, un hogar requiere de al menos 20 salarios mínimos para comprar los productos de la canasta básica.
"Ante esta situación, la gente va perdiendo la masa muscular, se va deteriorando en vida porque no se ingieren los alimentos básicos como leche, carne, huevos y demás. Cansada y con muchísima bronca, la gente sale a la calle a protestar y recibe a cambio balas, represión brutal, con más de 100 muertos por días en las calles", continuó agregando Manuel.
Nuevos sueños
Hoy, ya instalado en Santa Fe, Manuel junto a su mujer, Carolina Moyan, y sus dos pequeños hijos de 8 (César Eduardo) y 3 (Manuel Eduardo) años, respiran aliviados y miran hacia adelante con la ilusión de poder volver a recuperar su calidad de vida, soñando con algún día volver a Venezuela. Mientras tanto, el venezolano de padre santotomesino, ya tramita la ciudadanía y los expedientes legales para poder comenzar a trabajar.
Y para arribar a Santa Fe, ésta familia venezolana contó con el apoyo incondicional y la ayuda inconmensurable de amigos santafesinos, como Mariano "El Mono" González y su familia, Don Luis Gonzáles y sus amigos, Miguel Irazoqui, la familia de Federico Niklas, Don Jorge Jeison y su esposa.
Fuente: UNO Santa Fe