El relevamiento cubrió un área total de 888.444 metros cuadrados (88 hectáreas) en donde se registraron un total de 71.848 residuos, de los cuales el 83,2% estuvo constituido por plástico. Un dato que cobra relevancia frente a un contexto en el que, según datos de la ONU, 13 millones de toneladas de plásticos son arrojadas a los océanos cada año.
Se considera basura marina a cualquier material persistente, fabricado por el hombre, sólido, que es descargado o abandonado en el medio marino y costero. El 80% de la basura marina proviene del continente debido a la mala disposición y manejo de los residuos urbanos o de las aguas pluviales no tratadas; el restante, de lo que pierden los barcos comerciales y pesqueros.
Los desechos plásticos en las aguas oceánicas pueden representar numerosos peligros para la vida marina. Su ingestión, por ejemplo, puede conducir a deficiencias nutricionales o inanición por obstrucciones estomacales. Los residuos plásticos también pueden enredar, ahorcar y ahogar a animales como peces, tortugas, ballenas, lobos y aves marinas, delfines y tiburones.
El 20,6% del plástico registrado estuvo conformado por “fragmentos” de plástico duro proveniente de productos de mayor tamaño (como cubiertos descartables o elementos plásticos de golosinas), y que por la acción mecánica del sol, el viento y el mar se desintegran hasta convertirse en porciones más pequeñas identificadas como microplásticos.
El residuo contaminante más encontrado durante el censo fueron las colillas de cigarrillo (27,3%). Según algunos informes, cada colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua del mar y hasta 50 litros si se trata de agua dulce. Solamente en la edición de este año se registraron más de 16.325 colillas.