“Cada vez que venía, me rompía la casa y el celular. O me tiraba del auto andando. Yo pensaba que mientras me lo hiciera a mí, lo iba a poder manejar”, asegura. En rigor, la primera denuncia que realizó fue en mayo de 2000, en la Comisaría 7ª de Mar del Plata, días después de pedirle al agresor que abandonara el hogar. Las actuaciones pasaron desapercibidas por la Fiscalía Nº 4, a cargo de María de los Ángeles Lorenzo.
ariel bualo adriana garcía hijos.jpg
Valentina y Sebastián, los nenes asesinados por Bualo.
Por entonces, Adriana reclamaba con desesperación que la Justicia le impidiera a Bualo ver a sus hijos, porque temía por sus vidas. Sin embargo, desde los tribunales la obligaron a mantener el vínculo interponiendo la Ley 24.270 (conocida como ley Apadeshi).
La saña de su ex marido no paró. Escaló hasta el día del cumpleaños de Adriana, que coincidía, además, con el Día de la Madre. “Me dijo que los chicos me iban a dar una sorpresa”, detalla.
Con la excusa de ir a comer afuera, ese 17 de octubre Bualo pasó a buscar a los nenes, los condujo a su departamento, en la calle Bouchard 7200 y, mientras miraban televisión, los asesinó con un cuchillo. Recién al día siguiente, luego de bañarse y comprar cigarrillos, llamó a la policía y confesó.
Horror en Tenerife y violencia vicaria
El secuestro y homicidio de las pequeñas Anna y Olivia en España horrorizó días atrás a la comunidad de la isla de Tenerife, en España. Con una brutalidad extrema, su padre, Tomás Gimeno, se llevó a las nenas, las asesinó y las arrojó al mar.
Los restos de Olivia fueron hallados días atrás y los cuerpos de Anna y de Gimeno -quien se cree que se habría suicidado- siguen sin aparecer. Según la jueza a cargo de la causa, el hombre mató a sus dos hijas para vengarse de su ex esposa, de quien se había separado.
Esta forma de crueldad tiene nombre: se llama violencia vicaria, que se ejerce sobre los hijos para herir a la mujer. Es la misma violencia que Bualo aplicó sobre Adriana.
“Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros, por interpósita persona”, sostiene en su página una de las precursoras de esta definición, la psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro.
Sobrevivir
“La fiscal a la que yo había hecho las denuncias nunca leyó nada. Hicieron todo mal", recuerda Adriana con respecto a la Justicia. A modo de ejemplo, cuenta que poco después del doble homicidio de sus hijos, recibió una notificación. La Fiscalía Nº 4 de Mar del Plata le informaba que las actuaciones iniciadas a partir de sus denuncias habían sido archivadas por "falta de pruebas".
Finalmente, Ariel Bualo fue condenado a prisión perpetua en 2001. "El móvil de los crímenes fue la venganza hacia su esposa por el abandono que sentía", declararon los integrantes del Tribunal Oral Criminal 3. A lo largo del juicio, psicólogos y psiquiatras diagnosticaron al hombre como un psicópata, aunque consideraron que comprendía la criminalidad de sus actos.
"Durante el juicio, el fiscal Carlos Pelliza me culpó de cómplice moral porque yo le dejé a los nenes. Hace 20 años a mí me hicieron creer que yo tenía la culpa. Me llevó la vida entera entender que yo hice las cosas como pude", afirma Adriana.
En 2018, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires, le dio la razón. El alto tribunal reconoció la responsabilidad del Estado en el homicidio de los niños, por falta de acción de la justicia y la policía, y “la incapacidad de apreciar la gravedad del riesgo de la situación en la que se enfrentaba” ella y sus hijos.