Mirando varias pantallas a la vez y conversando. Así comen hoy los niños y adolescentes argentinos cada vez que se sientan a la mesa familiar.

Según los datos del informe de la UCA "Infancias y comensalidad. Hábitos y prácticas en relación a las comidas", en Argentina el 93% de los niños y adolescentes conversa durante la cena y el 81% también mira televisión.

En tanto, el 49% de los chicos entre 2 y 4 años además suma juegos con sus juguetes (en niños de hasta 12 años este número desciende a 33,9%) y el 51,4% de los adolescentes utilizan sus teléfonos celulares mientras están en la mesa.

¿Cuál es la comida que más reúne a los argentinos? La cena. El 68,5% de los niños y adolescentes realiza esa comida con su familia conviviente.

Según el informe, el 75% de los niños y adolescentes consultados realiza todas las comidas en el hogar y es allí en donde el 86,1% adquiere sus hábitos alimenticios. El segundo lugar de aprendizaje sobre alimentación es la escuela: un 35,6% se aprende allí.

"Un aspecto fundamental para impulsar la sana nutrición tiene que ver con la importancia de hacer de las comidas una ocasión de encuentro familiar, propicio para el diálogo y para disfrutar de los distintos sabores y texturas de los alimentos", escribió en el informe el Dr. Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina.

"Es clave tomar distancia de los dispositivos electrónicos durante las comidas: hoy es un desafío tanto para niños, adolescentes como para adultos", apuntó el experto.

Tal vez un dato significativo para dimensionar cuán integrados están los niños en la alimentación familiar es ver si efectivamente participan de la elaboración de las comidas. Según el informe el 53,5% de las familias no preparan los alimentos con los chicos.

Cuando se divide por estratos sociales, los resultados son peores para los más pobres: el 60,7% del estrato social más bajo no involucra a los niños en la preparación de las comidas.

Este indicador también puede representar la poca elaboración de las comidas de los que menos tienen. Cuando las herramientas o los recursos son escasos, la calidad del alimento tiende a ser peor porque no hay cómo procesar o cocinar cosas más elaboradas. Incluso los ambientes no suelen ser lo suficientemente seguros para sumar niños a la cocina. 

Snacks poco saludables

Durante el día, los niños varían sus lugares para sentarse a comer entre la escuela, su casa y los comedores. Pero además de las comidas correspondientes están los snacks y es ahí en donde los números no son alentadores.

El 40,6% de los chicos come galletitas o barras de cereal en el recreo, el 29% alfajores, el 21,7% no lleva o consume nada y el 15,6 come golosinas. Bastante más abajo en el ranking aparece la fruta. Sólo uno de cada diez niños la elige a la hora de hacer una pausa entre comidas.

El rol del Estado

Un dato significativo para dimensionar el papel que juega el Estado es la percepción de las personas. Según el informe el 0% de los consultados reconoció políticas de Estado destinadas a mejorar los hábitos alimenticios. No es que no existan pero no son lo suficientemente visibles para que las personas efectivamente las incorporen.

Sobre esto reflexionó Ianina Tuñón, Coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA: "Si la televisión es una actividad central a la hora de cenar hay una gran oportunidad para ingresar en los hogares. Hoy el Estado argentino está totalmente ausente".

Por otro lado, se refirió al refuerzo alimentario que el ministerio de Desarrollo Social dará a los comedores como parte de las medidas para paliar la crisis. "La emergencia alimentaria da la oportunidad para una mejor alimentación. Incluso para mejorar el espacio de comensalidad familiar. Las familias podrían recibir alimentos gratuitos crudos y luego cocinarlos en sus casas".

La alimentación -y todo lo que la rodea- no es simplemente la cuestión nutricional de ingerir alimentos. Es también la creación de hábitos y del desarrollo adecuado del niño. Una familia preocupada, una escuela que se involucra y un Estado presente en materia de nutrición infantil representa un estado de vida saludable.