María Inés es la propietaria de Megabar y contó en diálogo
con Infobae cómo transcurrieron las horas entre que se sentaron a comer hasta
que finalmente fueron llevados a la comisaría 5ta de Rosario. "Terminaron
de comer y pasaron como tres horas. Comenzaron a ponerse nerviosos. Caminaban
de un lado a otro. Nos pareció muy rara la situación hasta que me acerqué y les
pregunté qué les estaba pasando. Les pregunté si tenían plata para pagar la
comida y me contestaron que sí. Fue ahí que me contaron lo del hijo y el
desalojo", dijo.
La dueña decidió entonces esperar algún tiempo más pero todo
seguía igual. En el fondo, María Inés sabía que el hijo no iba a pasar a buscar
a sus padres. Sospechaba que los había dejado y no volvería jamás. Decidió
entonces avisarle a la Policía y con los pocos datos que pudieron sacarle a la
mujer y varios de los vecinos que los conocían, ubicaron el edificio del que habían
sido desalojados.
"Hilda no sabía ni dónde estaba parada y menos el
marido, que había sufrido un ACV hace poco. No tenían teléfono, estaban muy
débiles, sucios y tenían sólo las bolsas con ropa y perchas. Ella, por ejemplo,
tenía pis encima. Era muy triste verlos", lamentó.
Las autoridades le pidieron a la propietaria del bar que los
retuviera en el local. Hasta ese punto, los abuelos conservaban la esperanza de
que su hijo pasara a buscarlos. No querían decirles nada para no alterarlos.
María Inés y los efectivos policiales se dirigieron hasta el edificio para
intentar ubicar al hijo de los abuelos. Entraron por la fuerza al no recibir
respuesta y tocaron timbre por timbre hasta dar con el departamento. Fue
entonces que corroboraron el desalojo. La vivienda no tenía un solo mueble.
"En el departamento pudimos encontrar el teléfono del
otro hijo, que es el que termina buscándolos después en la comisaría. Durante
todo el allanamiento los abuelos se quedaron en el local. Después regresamos y
seguimos esperando a ver si aparecía, pero nunca sucedió", continuó la
mujer en la entrevista a este medio.
El tiempo pasó. Ya casi se hacía de noche y María Inés
decidió llamar a la policía nuevamente. No podían quedarse en el local y ellos
lo sabían. "Cuando finalmente vinieron de la comisaría, ahí se dieron
cuenta de que los había abandonado y se largaron a llorar. Fue tremendo. Yo en
la tarde les ofrecí mate cocido pero no quisieron tomar nada", relató la
mujer, quien reveló más datos del calvario que vive el par de jubilados.
Gracias a lo que pudo averiguar la propietaria del bar con
el relato de los vecinos que sí los conocen, se pudo saber que Hilda y Hugo
sufrían del maltrato constante por parte de su hijo. Según le contaron en el
edificio, todo el tiempo se escuchaban gritos por parte del hombre hacia sus
padres. Otro detalle que da cuenta del drama es el tema económico. De acuerdo
con la propietaria, ambos cobraban jubilación. El hombre de 92 años del sector
de comercio e Hilda la mínima.
"Ella me explicaba que no entendían por qué los
desalojaban si siempre pagaron el alquiler. De hecho con lo que ganan les
alcanzaba. Por eso para mí en esto tiene que ver el hijo que los abandonó. Hoy
están sin nada, como a la deriva", resaltó.
Casi a las 19 pasó un patrullero y llevó a los ancianos a la
sede policial. Todo el barrio se conmovió y hasta pensaron en hacer una suerte
de colecta para pagarles un hotel y que no pasaran la noche en la comisaría.
Sin embargo, no fue necesario. Hacia las 20 se hizo presente Raúl, el otro hijo
de la pareja, quien en medio de llanto, dijo no saber nada de la precaria
situación de sus padres.
"Algo sabía por la inmobiliaria, porque se comunicaban
conmigo. Aparentemente la inmobiliaria dijo basta, hasta acá llegamos, y
tuvieron que sacar los muebles y se quedaron en la calle", dijo. El hombre
agregó que no tiene contacto con su hermano, y que los números que tiene están
en desuso.
"El caso de Hilda y Hugo fue tan conmovedor que incluso
las policías de la comisaría nos dijeron que se les rompió el corazón. Quedaron
completamente solos y ojalá esto se sepa aún más para que nunca más pase,
porque los casos de abuelos abandonados son muchos. A mí me llaman todo el
tiempo pidiéndome comida", finalizó María Inés. Hasta el momento, el
hombre que los dejó en la puerta del bar no ha podido ser encontrado.
Fuente: Infobae