Según pudo saber A24.com, el pedido deberá ser evaluado por el Tribunal Oral Federal N.º 1 de La Plata, el mismo que lo condenó en 2007. Por el momento, no existe una autorización judicial confirmada para concretar el traslado.
Pero detrás de esta solicitud religiosa aparece una historia mucho más profunda.
La de un sacerdote que durante la dictadura no se limitó a acompañar espiritualmente a los integrantes de las fuerzas de seguridad, sino que terminó convirtiéndose en una pieza del engranaje represivo de la provincia de Buenos Aires.
Quién es Von Wernich, el sacerdote condenado que quiere ver a León XIV
Christian Von Wernich, durante el proceso judicial que terminó con su condena a prisión perpetua.
Christian Federico Von Wernich nació el 27 de mayo de 1938 en San Isidro. Durante los años de la última dictadura militar se desempeñó como capellán de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense, una estructura que estuvo bajo el mando de Miguel Osvaldo Etchecolatz y que respondía a la conducción del entonces jefe policial Ramón Camps.
Su función excedía largamente las tareas religiosas. Según quedó acreditado judicialmente, Von Wernich ingresaba a centros clandestinos de detención, mantenía contacto con personas secuestradas y utilizaba su investidura sacerdotal para obtener información de las víctimas.
El sacerdote tenía acceso a lugares donde se practicaban interrogatorios, tormentos y desapariciones. Podía hablar con los detenidos, escuchar sus confesiones y presentarse ante ellos como una figura de confianza en medio del cautiverio.
La Justicia determinó que esa posición fue utilizada para colaborar con los objetivos del aparato represivo. Su presencia contribuía a quebrar la resistencia de los prisioneros, obtener información y desalentar los reclamos de sus familiares.
Los testimonios de los sobrevivientes permitieron reconstruir su participación en distintos centros clandestinos del denominado Circuito Camps, entre ellos el Pozo de Quilmes, Puesto Vasco, el COT I de Martínez y dependencias policiales de La Plata.
Uno de los aspectos más estremecedores de su historia está relacionado con el asesinato de siete personas que permanecían secuestradas en la Brigada de Investigaciones de La Plata. Las víctimas habían recibido la promesa de que serían trasladadas al exterior. Sin embargo, fueron asesinadas en 1977 en las inmediaciones del Cruce Alpargatas.
La participación de Von Wernich en esos crímenes fue uno de los hechos centrales del proceso judicial que terminó con su condena a prisión perpetua.
Von Wernich se encuentra detenido en la Unidad 34 de Campo de Mayo y solicitó un permiso especial para trasladarse a Villa Devoto.
Su nombre comenzó a adquirir notoriedad pública con el regreso de la democracia. Apareció en testimonios recogidos por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y posteriormente en las investigaciones sobre los crímenes cometidos por la Policía Bonaerense.
Durante años, sin embargo, logró mantenerse alejado de una condena judicial. En una etapa de su vida se instaló en Chile, donde ejerció funciones religiosas bajo el nombre de Christian González. Finalmente, en septiembre de 2003, fue detenido y quedó a disposición de la Justicia argentina.
El juicio oral comenzó en julio de 2007 en La Plata. Durante tres meses, sobrevivientes de los centros clandestinos, familiares de desaparecidos y testigos reconstruyeron su actuación durante la dictadura. El 9 de octubre de ese año, el Tribunal Oral Federal N.º 1 de La Plata, presidido por Carlos Rozanski e integrado también por los jueces Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde, lo condenó a reclusión perpetua por siete homicidios calificados, 31 casos de tormentos y decenas de privaciones ilegales de la libertad.
La sentencia fue histórica: Von Wernich se convirtió en el primer sacerdote católico condenado en la Argentina por delitos de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado.
Ahora, casi dos décadas después de aquella sentencia, Von Wernich vuelve a recurrir a su condición de sacerdote para formular una petición excepcional.