Historias de vida

El doloroso día a día de dos hermanitos en Catamarca: "El pobre vive así..."

Con tan solo 9 y 6 años, Luz y Gabriel se las ingenian para pasarla de la mejor manera en un pequeño monoambiente donde viven con su familia. Sin mesa ni sillas y con una cama como mueble principal, así pasan sus días en la ciudad de Catamarca.
Luz  y Gabriel

Luz  y Gabriel, dos hermanos que buscan lo mejor para su futuro (Foto: gentileza La Nación)

La historia de Luz y Gabriel es la de muchos niños que viven en la precariedad y pobreza estructural de algunas provincias argentinas. En el caso de ellos, en el barrio El Magisterio ubicado en las afueras de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca. Allí habitan junto a sus padres un pequeño monoambiente que reúne una cocina, tres camas y algunos estantes. Les falta una mesa y para sentarse, tienen solo una silla.

“Si pudiera pedir tres deseos serían la salud de mi familia, una casa grande y el bienestar de todos. La casa quiero que tenga un patio, una cocina grande, cuartos y mucho lugar. Mi cuarto lo decoraría con mandalas y arte abstracto. Me gusta mucho dibujar”, añora Luz en una entrevista con La Nación.

Junto a su hermano usan la cama no solo para dormir. Allí también comen, estudian, dibujan y pasan el rato. Antes compartían un solo colchón y ahora duermen en camas separadas. “Mi cama es esta de abajo. Mi hermana estaba jugando con una amiga que se llama Ana y mis papás me dejaron elegir. Yo elegí la de abajo porque si no me caía. Cuando compartíamos la cama yo dormía incómodo porque ella usaba todo ese espacio y yo me quedaba solo con este espacio chiquito”, cuenta Leandro Gabriel.

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En el comedor Gauchito Gil retiran la comida para la cena (Foto: Gentileza La Nación)

En el comedor Gauchito Gil retiran la comida para la cena (Foto: Gentileza La Nación)

La familia Santillán antes vivía en Santa Fe, pero hace dos años vendieron todo para trasladarse a Catamarca y vivir cerca del resto de su familia. “Nos mudamos porque mi abuela estaba enferma y necesitaba ayuda de mi mamá. Extraño a Bingo que era nuestro perro. Fuimos comprando las cosas de a poquito. De a poquito, de a poquito se llena el tarrito”, contó el niño entre risas.

Diferentes circunstancias hicieron que la familia se quede en la calle, y como salida de emergencia alquilaron una pieza con un baño, incómodo para todos aunque tratan de pasarlo de la mejor manera posible: “Siempre estás viendo de no molestar al otro. Capaz, vos querés descansar y hay otro haciendo ruido. Yo me vine con un bolsito de ropa y con la plata en la mano. Todas mis cosas materiales las vendí”, relató y se lamentó: “Tengo que conseguir una mesa y sillas para comer y para que los chicos puedan estudiar. Y también un roperito. No es lo más estético, pero el pobre vive así”, contó Leandro, el jefe de familia, conmovido.

Una familia que sueña en grande

Actualmente sin trabajo estable, el padre de los niños aseguró que desde que vive en Catamarca “Me tengo que anotar para los módulos de alimento y de ropa que reparte la provincia. Ya me dieron una cama más. Hago todo tipo de changas como construcción, limpio terrenos, hago mudanzas, instalo aires acondicionados, me usan para todo. Lo que más necesito es una vivienda propia”, detalló.

La familia hoy se mantiene con la Asignación Universal Por Hijo (AUH), las changas y los comedores a los que van. “Hoy 1000 pesos desaparecen en medio día. Y si sigue aumentando todo no sé qué voy a hacer. Carne, pollo, huevos y lácteos tuvimos que dejar de comprar que es lo primordial para la salud. Eso casi no se ve”, dijo y contó que está anotado "para que me salga una vivienda en la municipalidad. Acá demoran entre 10 y 15 años en darte una casa y yo recién empiezo. Mi idea es ir buscando y conseguir un trabajo para que me reditúe semanal o mensualmente".

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La fachada del monoambiente que alquilan (Foto: Gentileza La Nación)

La fachada del monoambiente que alquilan (Foto: Gentileza La Nación)

Por el momento, Luz no sabe que quiere ser cuándo sea grande: “estoy indecisa con maestra o cantante. Lo que más me gusta cantar son canciones cortitas de Pimpinella y Reik. También pienso en maestra porque me gusta cuidar niños”.

El sueño de Leandro Gabriel, en tanto, es ser chofer de colectivo o camión. “Yo he visto muchos colectivos. Cuando subo y veo cómo dan vueltas el volante, me dan muchas ganas de manejar”, dijo el niño a quien lo que más le gusta hacer es jugar a la mancha y su juguete preferido es un perro de peluche que se llama Vainilla.

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