Estos comicios fueron marcados por tres factores que determinarán los resultados de este domingo: el recrudecimiento del conflicto con el movimiento independentista catalán; el ascenso en las encuestas del partido de ultraderecha, con un discurso islamófobo y machista al cual la política española todavía no estaba acostumbrado (como sí pasa con los cercanos Francia, Bélgica e Italia); y el enfado ciudadano, visible desde las redes sociales hasta los medios y la calle, por la clase política y su incapacidad en ponerse de acuerdo.
Al ser una monarquía parlamentaria, España requiere de una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados para investir a un primer ministro (que aquí es denominado presidente del gobierno). Pedro Sánchez no pudo obtener 176 votos positivos en el intento de investidura de julio pasado al querer acceder a un gobierno de coalición con los progresistas de Unidas Podemos, ya que exigían ser parte del Consejo de Ministros, mientras que los socialistas sólo aceptaban un gabinete monocolor, sin sus socios. La suma, de haber aceptado ambas partes, se hubiera conseguido con un detalle no menor para la política local: la abstención de los separatistas catalanes y vascos.
Para hoy, fueron convocados 37 millones de ciudadanos españoles para sufragar, inclusive los que viven en el extranjero. De todo el padrón exterior, el país con mayor cantidad de ciudadanos españoles es Argentina, con 457.000, seguido de Francia, Alemania, Estados Unidos, Venezuela, Cuba y México.