La travesía del Flor
Era febrero de 2016. Ciro ya tenía seis meses y Florencia se reintegró a su trabajo como ejecutiva de cuentas en una compañía de seguros. Fue desde su escritorio donde entró a ver los resultados del estudio. "Me fui llorando. Se lo mandé a mi ginecólogo de toda la vida. Me llamó y me dijo: 'Flor, esto no está bien. La palabra clave es carcinoma grado 3'. Se me cayó el mundo encima", recuerda.
Ese mismo día la atendió quien sería su mastólogo. "Me guió. Tuve todo un equipo: el oncólogo, quienes me iban haciendo los estudios. Me contuvieron muchísimo. En cada estudio me alentaban: 'está solo alojado en la mama derecha, no hay órganos afectados, me explicaban. Su calidez fue fundamental".
Florencia se tomó una licencia laboral. Pero el trabajo de crianza seguía adelante. "Yo le veía los ojitos a Ciro y me ponía a llorar. Me preguntaba a mí misma: ¿Y mi hijito, cómo sigue ahora?".
Entre marzo y julio de ese año hizo un tratamiento de quimioterapia. "Me pelé yo misma, con mi mamá y una amiga. Fue porque a los 17 días de la primera se te empieza a caer el pelo. Primero me lo había dejado cortito. Usé un pañuelo al principio, luego me puse una peluca que me prestaron. Tuve que aprender a salir a la vida así".
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El desafío: salir adelante
El tumor que afectó a Florencia es de origen genético. Ella lo compara con una pelota de golf: tenía 5 centímetros por 4 y medio. La respuesta a la quimioterapia fue exitosa: el tumor desapareció por completo. "Es el mismo que tuvo Angelina Jolie, por un gen mutado", explica la mujer.
Para cuando Ciro cumplió un año, Florencia estaba recién operada. "Decidí hacerme una masectomía bilateral, que es retirarme las dos mamas y no solo la afectada, por prevención. Se lo pedí a mi médico". Hoy Florencia siente que, quizás, se adelantó al tomar esa decisión. "Es una mutilación. Implica un duelo, aprender a vivir con un nuevo cuerpo, con implantes y una cirugía reconstructiva. Yo estaba en medio del puerperio", dice.
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Sin embargo, había un pensamiento que la empujaba hacia adelante: "quería hacer todo lo que hubiera que hacer para estar viva. Amo mi vida".
Durante meses Florencia no pudo hacerle upa a Ciro. "Primero tenía los drenajes y luego no podía hacer fuerza". La red de cuidados que tejieron su familia y algunos amigos los sostuvo durante esos meses.
Otra vuelta
"¿Por qué a mí?", se preguntó muchas veces Florencia. Con el tiempo esa duda cambió el sentido: "¿Por qué no a mí?, ¿qué tengo de distinto? Sí, me tocó a mí y debo ver qué tengo que aprender de esto", dice la mujer que, como sobreviviente del cáncer debe hacerse exámenes cada tres meses.
Pasaron 5 años desde aquella vivencia. Durante este tiempo Florencia se separó y rearmó una nueva pareja. "Es difícil afrontarlo desde la sexualidad, no solo desde la maternidad. Pero ahora estoy súper contenta. Para mí es un orgullo gigante", dice.
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Ciro cumplió 6 años y, a fin de este ciclo lectivo, termina el jardín de infantes. "Mi hijo es como un mini adulto. Tiene una percepción aparte. Me dice: 'no hagas fuerza, cuidate los bracitos y las manitos, mami". Él sabe que Florencia le había contado no puede recibir golpes en el pecho. Además debe tener algunos reparos porque le quitaron los ganglios.
"Fue un gran esfuerzo salir a la vida, volver al trabajo con mi pelo corto, mis vinchas", recuerda. Hace ejercicio y acompañó las últimas ediciones de la caminata anual que la marca Avon organiza para crear conciencia sobre la importancia de la prevención y el apoyo a las mujeres que sobreviven a la enfermedad. "Ahora estoy rubia, me encanta cuidarme, arreglarme, cuidar la piel". Ciro se lo reconoce a diario. "Siempre me dice: 'mami, ¡qué linda estás!'".
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