MILAGRO

Le cayó un vidrio gigante encima desde un cuarto piso y contó cómo sobrevivió: "Le doy..."

Un hombre de 50 años sufrió un grave accidente en el barrio porteño de Colegiales, cuando una placa de vidrio se derrumbó desde un edificio mientras tomaba un café en un bar.

Le cayó un vidrio encima desde un cuarto piso y contó cómo sobrevivió. (Foto: captura A24)

Le cayó un vidrio encima desde un cuarto piso y contó cómo sobrevivió. (Foto: captura A24)

Pablo tiene 50 años y el pasado 13 de diciembre estaba sentado en un bar sobre la calle Ciudad de la Paz al 300, en el barrio porteño de Belgrano, cuando una placa de vidrio se desprendió desde un balcón ubicado en un cuarto piso y cayó directamente sobre su cuerpo.

El impacto fue brutal. Las imágenes, captadas por cámaras de seguridad y viralizadas semanas después, muestran un golpe seco, demoledor, que dejó a todos convencidos de que el hombre no había sobrevivido.

Sin embargo, Pablo está vivo. Con heridas graves, múltiples cirugías y una recuperación larga por delante, pero vivo. Por primera vez desde el accidente, decidió contar su historia.

Embed

“Otro seguro no lo resiste”

“La verdad es que ya lo vi mil veces. Creo que no me produce nada, porque ya pasó. Pero tuve muchísima suerte”, reconoció. Sabe que el desenlace pudo haber sido otro. “Otro seguro no lo resiste. Mi cabeza es muy dura”, dijo con una mezcla de ironía y resignación.

Desde afuera, el impacto parece mortal. El cuerpo queda inmóvil durante algunos segundos. “Estuve inconsciente unos momentos”, recuerda. Luego, lentamente, empieza a reaccionar. Es en ese instante cuando empleados y clientes del bar salen corriendo a asistirlo.

La gente del bar me ayudó enseguida. Después vino la ambulancia”, relata. El SAME lo trasladó de urgencia al Hospital Pirovano, donde los médicos confirmaron que, pese a la violencia del golpe, no había riesgo de vida inmediato.

30 puntos en la cabeza y una cirugía en el brazo

Embed

El diagnóstico fue tan impactante como el accidente. Pablo sufrió un traumatismo cortante en la cabeza y una grave lesión en el antebrazo izquierdo. En total, le colocaron 30 puntos en el cuero cabelludo. Pero lo peor estaba en el brazo: dos tendones completamente cortados, lo que obligó a una intervención quirúrgica posterior en el Hospital Zubizarreta.

Podía haber perdido el brazo o directamente haber muerto”, reflexiona hoy, con la distancia que da el tiempo y el dolor todavía presente. “Ahora estoy vivo para contarlo, pero si no… esto era el Cementerio de la Chacarita”, dice sin rodeos.

Los médicos lograron estabilizarlo, pero la recuperación recién comenzaba. A casi un mes del accidente, Pablo vive rodeado de controles médicos. “Voy de médico en médico, viene una enfermera, el clínico pasa varias veces por semana. Estoy rodeado de médicos”, resume.

La recuperación, el dolor y la dependencia

Pablo admitió que la recuperación es dura, mucho más de lo que imaginaba. “No la pasé bien. Estoy vivo, sí, pero la recuperación es jodida”, reconoció.

Los dolores persisten, especialmente en la cabeza y el brazo. Aún no sabe si recuperará completamente la movilidad. “Los médicos no me dicen si voy a quedar bien o no. Primero me curan, después vendrá la kinesiología”, explica.

Mientras tanto, su vida cotidiana cambió por completo. Trabaja en el área administrativa y actualmente está de licencia. Las tareas más simples se volvieron un desafío. “Tengo que arreglármelas con un solo brazo. Hasta para cortar la comida me tiene que ayudar mi familia”, cuenta.

“Fue un milagro”

A pesar del dolor, Pablo no duda en definir lo ocurrido con una sola palabra: milagro. “Le doy gracias a Dios que estoy vivo”, dice. Para él, sobrevivir no fue una casualidad. Fue una combinación inexplicable de suerte, resistencia y segundos clave.

Se habló de