Desde afuera, el impacto parece mortal. El cuerpo queda inmóvil durante algunos segundos. “Estuve inconsciente unos momentos”, recuerda. Luego, lentamente, empieza a reaccionar. Es en ese instante cuando empleados y clientes del bar salen corriendo a asistirlo.
“La gente del bar me ayudó enseguida. Después vino la ambulancia”, relata. El SAME lo trasladó de urgencia al Hospital Pirovano, donde los médicos confirmaron que, pese a la violencia del golpe, no había riesgo de vida inmediato.
30 puntos en la cabeza y una cirugía en el brazo
El diagnóstico fue tan impactante como el accidente. Pablo sufrió un traumatismo cortante en la cabeza y una grave lesión en el antebrazo izquierdo. En total, le colocaron 30 puntos en el cuero cabelludo. Pero lo peor estaba en el brazo: dos tendones completamente cortados, lo que obligó a una intervención quirúrgica posterior en el Hospital Zubizarreta.
“Podía haber perdido el brazo o directamente haber muerto”, reflexiona hoy, con la distancia que da el tiempo y el dolor todavía presente. “Ahora estoy vivo para contarlo, pero si no… esto era el Cementerio de la Chacarita”, dice sin rodeos.
Los médicos lograron estabilizarlo, pero la recuperación recién comenzaba. A casi un mes del accidente, Pablo vive rodeado de controles médicos. “Voy de médico en médico, viene una enfermera, el clínico pasa varias veces por semana. Estoy rodeado de médicos”, resume.
La recuperación, el dolor y la dependencia
Pablo admitió que la recuperación es dura, mucho más de lo que imaginaba. “No la pasé bien. Estoy vivo, sí, pero la recuperación es jodida”, reconoció.
Los dolores persisten, especialmente en la cabeza y el brazo. Aún no sabe si recuperará completamente la movilidad. “Los médicos no me dicen si voy a quedar bien o no. Primero me curan, después vendrá la kinesiología”, explica.
Mientras tanto, su vida cotidiana cambió por completo. Trabaja en el área administrativa y actualmente está de licencia. Las tareas más simples se volvieron un desafío. “Tengo que arreglármelas con un solo brazo. Hasta para cortar la comida me tiene que ayudar mi familia”, cuenta.
“Fue un milagro”
A pesar del dolor, Pablo no duda en definir lo ocurrido con una sola palabra: milagro. “Le doy gracias a Dios que estoy vivo”, dice. Para él, sobrevivir no fue una casualidad. Fue una combinación inexplicable de suerte, resistencia y segundos clave.