Llegó el día nomás. Ya nos va a empezar a caer la ficha. Y sentiremos lo que intentamos procesar todos estos días. Desde 1913 que inmigrantes genoveses que se afincaron en el barrio de La Boca juegan el partido más emblemático de nuestro fútbol. Y el más importante irá en el Bernabéu. Nos duele el orgullo. Sentimos que son gritos en el desierto. Tenemos en la Argentina, una especie de síndrome de Estocolmo con los barras. Ellos son parte del sistema. Los comunes llegan a reverenciarlos. Ocupan la centralidad. Y eso les da poder.












