intrusos

El nuevo drama para los mayores de 70: encerrados para salvarse, angustiados y deprimidos por el aislamiento

Jesica Mihelj
por Jesica Mihelj |
El nuevo drama para los mayores de 70: encerrados para salvarse, angustiados y deprimidos por el aislamiento

Rosa vive sola en su departamento de Colegiales. Sus hijos crecieron y abandonaron el nido. Su esposo murió hace mucho tiempo. Tiene 72 años, es vivaz y charlatana. Rosa se las arregla sola… o se las arreglaba. Ahora no quieren que salga, ahora no puede elegir las frutas en la verdulería del barrio donde todos la conocen.

No puede ver el sol desde su departamento de dos ambientes que eligió interno para que no le molestaran los ruidos de la calle. No ve árboles, no ve nada. Sólo ve la televisión y sus pronósticos nefastos sobre el avance de la pandemia. “Si salgo, ese virus me mata”, piensa. Pero, si no sale, ¿qué le pasa a su psiquis? ¿La salud del cuerpo vale más que la salud mental?

Carlos Presman, gerontólogo, habló con A24.com y explicó los alcances del aislamiento en la tercera edad. “Nadie honesto y académicamente consistente puede decir qué puede pasar. Sabemos que la percepción de soledad es un factor de riesgo para enfermarse e, incluso, de mortalidad. Puede ocasionar tristeza, angustia, trastorno de sueño y alimentación, ingesta de sustancias, medicamentos o alcohol”, comenzó el especialista.

“Cuando uno tiene un infarto y queda en terapia intensiva, si uno le pregunta al paciente dirá que no quiere ir, pero debe hacerlo. Sabemos que son grupo de riesgo y que lo mejor es que no tengan contacto con el exterior. Sin embargo, el límite entre las políticas públicas y la libertad individual es muy difícil de marcar”, concluyó.

Los abuelos como bandera

Los adultos mayores surgieron como el estandarte de la lucha contra el coronavirus. La veta fatal del COVID-19 parece atacar con más crueldad a los ancianos. “Cuiden a los abuelos, que no salgan”, dijo el presidente Alberto Fernández al pueblo argentino y dictó el aislamiento obligatorio. Mientras tanto, desde el lunes en la Ciudad de Buenos Aires, los mayores de 70 años deberán contar con autorización para salir a la calle.

El polémico permiso de circulación obligatoria tendrá validez de un día y contemplará excepciones: cobrar la jubilación, ir al médico o vacunarse. Para las restantes situaciones, tendrán que llamar al 147. Con su número de documento, se les entregará un código. Pero antes, el operador que los atienda intentará convencerlos de no salir.

Eugenio Semino, Defensor del Pueblo de la Tercera Edad, habló con Radio La Red y criticó la medida: "Desde el punto gerontológico es anacrónico, es tratar de tutelar de forma absurda al adulto mayor, son teorías de viejismo totalmente superadas que no sirven de nada. El exceso normativo no genera conductas responsables, sino que tiende a crear microtraumatismos que los lleva a querer violarla”.

No es un débil mental, no tiene una minusvalía, explicándole el beneficio de acatar las normas es lo mejor, porque puede resultar un búmeran. Es menos grave dar una vuelta a la manzana, que estar esperando horas en la puerta de un banco esperando cobrar una jubilación", sostuvo.

El coronavirus y los abuelos: una relación numérica

El gobierno porteño esgrime números para justificar la medida “disuasoria”. En la Ciudad Autónoma, 8 de cada 10 fallecidos por coronavirus son adultos mayores. Es un dato preocupante si se considera que en territorio porteño viven más de 650 mil personas que son mayores de 65 años, de los cuales cerca del 70% vive solo o en hogares monogeneracionales. De esa cifra, 490 mil tienen más de 70.

A24.com pidió su opinión profesional al psiquiatra y neurólogo Enrique de Rosa. “El problema es que se dan recetas e indicaciones parciales, pero no somos todos iguales. Hay que llevarle tranquilidad a la tercera edad. Es una población que ya piensa en la finitud de su vida. Y si se le plantea de manera sutil, y no tanto, que va a morir, ese miedo despertará torpezas. La gente asustada va a empezar a salir porque preferirá disfrutar del sol y no quedarse encerrada en soledad”, consideró.

Es una población que tiene un riesgo, pero no es una población condenada. Son seres humanos normales y se les debe devolver la humanidad: están encerrados y nadie los ve porque los pueden contagiar. Se les debe plantear alternativas de asistencia y la tecnología puede ayudar a lograrlo. Hay que buscar soluciones simples de contacto y no grandes proclamas. Hay mucho miedo dando vuelta y nos vuelve incapaces de generar medidas prácticas”, expresó.

“Si un día te dicen que no podés ver más a tu pareja o familia, entonces te sacude emocionalmente. Es mejor decir que no es conveniente, pero no decir ‘no, porque no’. Hay que dar una moneda de cambio. Hay que darles algo porque la vida sigue. Uno no puede aguantar la respiración por siempre y ponerse en stand by vital”, concluyó.