En el segundo parcial, el desarrollo fue similar. Ambos tenistas mantuvieron un alto nivel desde el fondo de la cancha, con pocas oportunidades de quiebre. Cerúndolo se mantuvo enfocado, y aprovechó una ráfaga de errores de Bublik para quebrar en el quinto game. La presión del momento afectó al kazajo, que incluso rompió su raqueta tras un error no forzado. Aunque recuperó el quiebre en el octavo game, Juanma volvió a quebrar y se llevó el segundo set 6-4, forzando el tercer capítulo.
En el set decisivo, la paridad continuó hasta el sexto game, donde Bublik consiguió el quiebre que marcaría la diferencia. El argentino ya no tuvo margen para recuperarse, y el kazajo cerró el encuentro por 6-3, consagrándose campeón en Gstaad.
La victoria de Bublik fue llamativa no solo por su nivel, sino también por tratarse de su primer título sobre tierra batida. En 2022, tras vencer a Stan Wawrinka en Montecarlo, había declarado abiertamente: “Odio la tierra, ojalá no vuelva a pisarla en 10 años”. Tres años después, el destino lo llevó a levantar su primera corona en esta superficie, y nada menos que en Gstaad, uno de los torneos más tradicionales del polvo europeo.
El kazajo, que ya había sido campeón este año en Marsella (cancha dura), suma así su sexto trofeo ATP y sigue demostrando que, más allá de sus exabruptos y estilo poco convencional, tiene la jerarquía para competir en todos los niveles.