La jugada no tardó en levantar comparaciones con lo ocurrido hace más de dos décadas en el Estadio Nacional de Tokio. En aquel recordado 27 de noviembre de 2001, Giovane Élber derribó a Clemente Rodríguez en la previa del gol de Samuel Kuffour, que sentenció la final intercontinental entre Bayern y Boca. Aquella infracción, ignorada por el árbitro danés Kim Nielsen, todavía es señalada como uno de los fallos arbitrales más escandalosos en la historia reciente del club argentino. Por eso, en redes sociales, muchos hinchas lo resumieron en una frase cargada de simbolismo: “La justicia llega tarde, pero llega”.
No obstante, la alegría duró poco. A los 17 minutos, Harry Kane aprovechó un descuido en el fondo de Boca y convirtió el 1-0 tras una jugada colectiva que expuso la jerarquía del conjunto alemán. Esta vez, sin polémicas, sin revisiones y con total claridad. El delantero inglés definió ante la salida de Marchesín y puso en ventaja a los suyos.
Para Boca, ese gol fue un golpe duro, pero el foco quedó en el inicio del encuentro, cuando el VAR actuó con precisión para evitar una injusticia. La jugada no solo mantuvo el partido en cero por unos minutos más, sino que dejó una marca emocional en los hinchas que aún sienten que el duelo del 2001 nunca debió terminar como terminó.
Más allá de lo anecdótico, la intervención del videoarbitraje mostró que los errores del pasado, al menos en esta oportunidad, no se repitieron. Boca terminó cayendo ante Bayern, pero se fue con la sensación de que, por un instante, la historia le guiñó un ojo.