Además, el exjugador del PSG y Juventus habló sobre el recibimiento que tuvo por parte de los simpatizantes de Boca, que si bien en algunos sectores lo aplaudieron, también lo silbaron y lo insultaron. “Sentí el cariño, es normal. Si me putean es algo lógico, estoy vistiendo otra camiseta. Me tocó justo también hacer un gol y es lógico que pueda pasar. Es fútbol y uno lo entiende”, explicó con serenidad.
Di María también valoró el respeto que recibió en otras ocasiones, sobre todo cuando jugó con la Selección Argentina. “Cuando vestí la camiseta de la Selección tuve las ovaciones, y ahora, si visto otra camiseta, es obvio que pueda pasar”, afirmó. Lejos de victimizarse o responder con molestia, el futbolista aceptó las reglas del juego y comprendió el contexto de un partido caliente.
En lo deportivo, su actuación fue clave: anotó el descuento con un penal perfectamente ejecutado tras una infracción sobre Nicolás Otamendi dentro del área y fue uno de los jugadores más peligrosos del Benfica durante gran parte del encuentro. Aunque su equipo no logró llevarse los tres puntos, su jerarquía individual volvió a decir presente.
Mientras Boca ya piensa en su próximo duelo ante Bayern Múnich, Di María seguirá enfocado en Benfica, aunque cada vez más cerca de volver a ponerse la camiseta de Rosario Central, el club que lo vio nacer. Su gesto, su gol y su sinceridad post partido dejaron en claro que, más allá de las interpretaciones, Fideo sigue siendo fiel a su estilo: comprometido, emocional y frontal.