El gol parecía abrir el escenario ideal. Suiza mostraba muy pocas variantes ofensivas, le costaba romper líneas y prácticamente no encontraba caminos para acercarse a Emiliano Martínez. Bastaba con adelantar unos metros la presión, aprovechar el talento de Lionel Messi y Julián Álvarez y jugar varios metros más arriba para empezar a definir la serie.
Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.
Argentina retrocedió. Cedió la pelota. Renunció a atacar con continuidad y transformó un partido que parecía controlado en uno abierto e incómodo. La prioridad pasó a ser defender la ventaja mínima y no ampliar la diferencia.
Suiza, que hasta ese momento ofrecía muy poco, empezó lentamente a crecer simplemente porque Argentina le entregó la iniciativa.
El empate de Dan Ndoye, a los 67 minutos, terminó siendo la consecuencia lógica de un desarrollo que venía inclinándose desde hacía bastante tiempo. Más que una reacción del conjunto europeo, fue el resultado de una Selección que eligió jugar demasiado cerca de su propio arco.
La expulsión de Embolo cambió el partido y Scaloni reaccionó
Cinco minutos después del empate llegó otro punto de quiebre. A los 72 minutos, Breel Embolo fue expulsado y dejó a Suiza con diez futbolistas. La lógica indicaba que Argentina recuperaría inmediatamente el control del partido. Pero tampoco ocurrió.
Fue Suiza la que pasó a hacer lo que antes había hecho la Selección: se refugió atrás, renunció a atacar, como si se limitara a esperar los penales. El equipo europeo perdió completamente el rumbo después de quedarse con un hombre menos.
Inédito, pero dio resultado. Scaloni se jugó por 5 jugadores ofensivos en el final del partido y logró quebrar a Suiza. (Foto: A24.com/Reuters)
Una lesión inesperada, la "llave" a la semifinal
La verdadera transformación llegó recién en el tiempo suplementario, cuando Leandro Paredes debió abandonar la cancha por una lesión. A los 105 minutos ingresó José López, una modificación que alteró por completo el funcionamiento del equipo. (Estaba previsto el ingreso de Exequiel Palacios).
Scaloni hizo entonces algo que casi nunca hace. Rompió definitivamente el esquema conservador y llenó el área rival. López pasó a jugar como referencia ofensiva junto a Lautaro Martínez, mientras Lionel Messi quedó con mayor libertad detrás de ellos y Julián Álvarez encontró mucho más espacio para atacar. También estaba Thiago Almada. Es decir, 5 jugadores ofensivos.
La Selección dejó de administrar el partido y empezó, por fin, a jugar para ganarlo. El resultado apareció de inmediato.
A los 112 minutos, Julián Álvarez convirtió un verdadero golazo para poner el 2-1 y romper definitivamente la resistencia suiza. Ya con el rival golpeado, Lautaro Martínez selló el 3-1 en el minuto 120+1 y transformó un sufrido encuentro en una victoria amplia que no refleja lo que ocurrió durante la mayor parte de la noche.
La paradoja es evidente, el camino está a la vista
Argentina ganó cuando abandonó el libreto que había elegido desde el comienzo. Cuando dejó de protegerse y decidió atacar. Cuando puso dos delanteros de área, algo que históricamente no forma parte de las preferencias de Scaloni. Cuando Messi encontró receptores por delante y Julián pudo explotar los espacios en lugar de pelear aislado entre los centrales.
El técnico merece un reconocimiento por haber corregido a tiempo. No se aferró a su idea habitual, que claramente no funcionaba, y terminó modificando el equipo para encontrar la clasificación.
Pero la pregunta inevitable aparece mirando hacia adelante. Ahora viene Inglaterra en semifinales, el miércoles 15 de julio a las 16 horas. Como contra Egipto, en apenas 11 minutos Argentina cambió la historia. Es por ahí.