Sus dos hermanos mayores, Mateo y Benjamín, sí llegaron a conocer al Papa. Felipe, en cambio, se queda con la cuenta pendiente de un encuentro que nunca llegó a concretarse.
Más allá de lo deportivo, su apellido llama la atención en Italia. “Mis compañeros me piden la bendición antes de cada partido. También cuando se lesionan. Nos reímos siempre. Ser Bergoglio es un honor y para mí no supone ninguna carga llevar este apellido”, explicó.
Fanático de San Lorenzo, como lo fue su célebre pariente, Felipe se formó en Club Social y Deportivo Lasallano, donde jugó hasta mediados de 2023 antes de dar el salto al fútbol europeo.
Hoy, con el dolor a flor de piel, el apellido Bergoglio vuelve a resonar en todo el mundo, pero también en los rincones más humildes del deporte, donde un joven argentino lo honra con orgullo.