¿Qué es lo más probable que suceda de ahora en más? Que haya mejoras en las condiciones planteadas por Guzmán. La estrategia de los bonistas será la clásica: dejar que el tiempo corra y que la presión sobre la declaración del default inminente se haga sentir sobre el gobierno argentino.
Por ello, en materia de negociación, es un error fijarse un plazo. Cuando hace diez días Guzmán postergó pagos de la deuda en dólares bajo legislación argentina, se leyó que esa medida era para proteger los dólares existentes como reservas del BCRA y dar más tiempo a las negociaciones con acreedores con papeles bajo legislación Nueva York. Tenía lógica. El Gobierno podía seguir pagando vencimientos sin presión por cerrar un rápido acuerdo. Ahora tiene la presión encima.
Hay mejoras que se pueden introducir rápidamente, como eliminar la quita de capital del 5% planteada o mejorar los intereses a pagar desde el 2023 que arrancan con el 0,5%. ¿Alcanzará? La aritmética es sencilla. Los acreedores tienen a los papeles argentinos valuados al 40% a fines del 2019. Hoy cotizan al 29% aproximadamente. Si se efectúa una oferta que trepe al 48% de valor aproximadamente, hay acuerdo posible.
Los números de Guzmán indican que el valor hoy de la oferta ronda el 37%. Hay mucha diferencia. Pero peor es el default. Alberto Fernández lo sabe. Implica enterrar la economía pos coronavirus, y más teniendo en cuenta las elecciones legislativas de 2021. Por más que se le gane la guerra al virus, la economía es lo que manda en las elecciones. En las urnas, el dinero pesa más que el triunfo sanitario.