¿Alcanzarán estos cambios? El problema para el equipo económico es que el tiempo juega en contra. Mientras más nos acerquemos al 23 de marzo, mayor será la presión para cerrar un acuerdo y evitar un default. Los acreedores seguramente van a estirar sus respuestas para dejar que los días corran. Es de manual. A mayor presión, mayores concesiones usualmente se hacen sobre la mesa de negociaciones.
Lo mismo pasó con la reestructuración de la deuda nacional, proceso que se transformó en una sucesión de ofertas de Guzmán, rechazadas por los acreedores hasta que finalmente cedió y se logró el entendimiento. La provincia de Buenos Aires aún no logró cerrar un acuerdo con bonistas pese a su sucesión de ofertas, sin diálogo entre funcionarios y fondos del exterior.
Pero hay un dato esencial que permite asegurar que el gobierno argentino terminará cediendo y cerrará el acuerdo con los bonistas: es mucho más sencillo para acreedores embargar activos de YPF que, si el deudor fuera la Argentina, embargar activos del país. YPF sería blanco fácil de embargos por sus exportaciones y por sus activos existentes en el planeta. Y esto lo saben las dos partes. Enviar al default a YPF tiene serias consecuencias legales más allá de los obvios efectos en la economía. Por ello, las apuestas a un acuerdo antes del 23 de marzo y que el Gobierno reaccione en algún momento.